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Duncan Wright, USFWS

Una dieta precaria ha provocado el desplome de una importante colonia de aves nidificadoras del Atlántico

Los resultados proporcionan nuevas evidencias de la fragilidad de los ecosistemas marinos y refuerza el caso científico de crear el Santuario Marino de la Isla Ascensión (AIOS) como una de las mayores reservas completamente protegidas del Océano Atlántico.

El charrán sombrío (Sterna fuscata) se reproduce en la isla Ascensión donde su colonia es la mayor de todo el Océano Atlántico. Su población en la isla ha sufrido un acusado descenso, pasando de los varios millones a mediados del siglo pasado a tan solo unos pocos cientos de miles actualmente. Un equipo de la Escuela de Biociencias de la Universidad de Birmingham cree que esta situación está estrechamente relacionada con los cambios en las poblaciones de peces depredadores como el atún. Los charranes siguen a estos grandes peces por enormes extensiones del océano para alimentarse de los pequeños peces que suben a la superficie cuando se ven acorralados por estos depredadores.

Se esperaba que la especie se beneficiara de la labor de conservación llevada a cabo en la isla entre 2002 y 2004 por la Real Sociedad para la Protección de las Aves (RSPB), que implicó la erradicación de los gatos asilvestrados en un intento por restablecer las poblaciones nidificantes de especies de aves marinas, incluido el rabihorcado de Ascensión que solo se encuentra en esta isla.

Sin embargo, aunque muchas especies de aves empezaron a prosperar tras el trabajo, la población de charrán sombrío no se recuperó tal y como se esperaba. El equipo de Birmingham, junto con investigadores de la Universidad de Exeter, el Departamento de Conservación del Gobierno de la Isla Ascensión (AIGCD) y la Sociedad Ornitológica Army (AOS), se propuso saber porqué.

“Creíamos que podrían influir varios factores, pero quisimos comprender estos factores con mayor detalle que nos explicaran el descenso de la población durante los últimos 60 años,” dice el Dr. Jim Reynolds, autor principal del informe.

El equipo empezó observando la dieta del ave tras advertir que parte del alimento que regurgitaba naturalmente contenía muchas presas bajas en nutrientes, tales como calamares, caracoles marinos e incluso langostas.

Para obtener más información, los científicos buscaron en las bases de datos de museos para encontrar especímenes de charranes de la isla conservados en museos de todo el mundo. Las plumas de estos especímenes pueden analizarse usando técnicas de espectrometría de masas que ofrecen pistas sobre la alimentación de las aves.

Colaboradores de la Universidad de Coimbra en Portugal recopilaron y analizaron las plumas de más de 180 ejemplares que abarcan desde 1890 hasta hoy en día. Los resultados revelaron casi sin margen de duda que un cambio en la dieta del charrán sombrío (de alimentarse principalmente de peces a alimentarse de presas de más baja calidad) coincidía con su descenso de la población.

“Hay varios factores que podrían haber llevado a los charranes a comer menos pescado,” explica el Dr. Reynols.

“Parte de la respuesta radica en el rápido crecimiento en las últimas décadas de la industria pesquera de especies como el atún, pero los ecosistemas son complejos y también pueden jugar una parte importante de esta historia de cambio global, tales como el calentamiento de los océanos. A medida que se calientan los océanos, cambian los movimientos de depredadores ápice y las presas de las que se alimentan, posiblemente haciendo más difícil para los charranes seguirlos para poder alimentarse.”

“Es una historia complicada que revela la fragilidad de los ecosistemas marinos. Nuestros resultados refuerzan la necesidad de una enorme reserva marina donde sea posible controlar la pesca de forma más efectiva y hacer más por proteger a estas especies vulnerables.”

El Dr. Sam Weber, de la Universidad de Exeter y coautor del informe, añade: “A menudo las aves marinas son consideradas indicadores sensibles de la salud de los ecosistemas marinos – especies centinelas -, de manera que los resultados de este estudio podrían traducirse como un vaticinio para desafíos ecológicos más amplios a los que se enfrenta el Atlántico tropical. Áreas marinas protegidas como la que se estudia para isla Ascensión podrían ayudar a aliviar la presión en especies como el charrán sombrío. Sin embargo, restablecer las redes tróficas marinas de las enormes áreas que sobrevuela esta ave requerirá un cambio fundamental en la forma en que gestionamos los océanos del mundo, incluidas aguas internacionales más allá de las jurisdicciones nacionales.”

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