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Un tercio de las aves marinas halladas muertas en las playas de Nueva Zelanda y Australia han ingerido plástico

Más de un tercio de las aves marinas halladas muertas en las playas de Nueva Zelanda y Australia tienen plástico en sus estómagos.

El conservador del Museo de Auckland, Matt Rayner, ha trabajado junto a investigadores de la Universidad de Tasmania para realizar la necropsia de 1.700 aves procedentes de ambos países y ha informado que el 37 por ciento había ingerido plástico.

“No tengo datos de cuántas murieron como resultado, pero sin duda había varios casos con lesiones y hemorragias internas,” dice. 

Dado que Nueva Zelanda tiene una de las diversidades más altas de aves marinas del mundo, con 85 especies distintas, Rayner dice que son particularmente vulnerables.

Rayner dice que los plásticos ingeridos van desde trozos del tamaño de 1 milímetro a cucharas de plástico, globos y mecheros en aves grandes como los albatros o los petreles gigantes.

Lamentablemente, a menudo son las aves marinas más jóvenes las que mueren debido a la ingesta de plásticos, añade. 

“Un albatros adulto puede regurgitar algo que no puede digerir, sin embargo las crías son incapaces de regurgitar y los plásticos se van acumulando en sus estómagos hasta provocarles la muerte.

Las aves también quedan enredadas en plásticos.

“Hemos tenido casos de aves muertas con trozos de plástico envolviendo el pico, impidiendo al ave poder alimentarse.”

Recientemente se ha sabido que un tercio de las tortugas halladas muertas en Nueva Zelanda también ingieren plástico, siendo las bolsas de plástico el culpable más común.

Pero a diferencia de las tortugas marinas, que confunden las bolsas por medusas, en el caso de las aves marinas es el olor que liberan los plásticos lo que las atrae. 

Un estudio publicado en la revista Science Advances en noviembre de 2016 halló que los plásticos que flotaban en el mar desprendían un olor a sulfuro de dimetilo (DMS), un olor que liberan las algas que con el paso del tiempo acaban cubriendo los plásticos.

El sulfuro de dimetilo se produce de manera natural mediante el metabolismo del fitoplancton, que produce grandes cantidades de anión dimetilsulfoniopropanoato y que las bacterias descomponen hasta convertirlo en sulfuro de dimetilo – un compuesto bioquímico que segrega el fitoplancton en descomposición.

“En el medio ambiente marino, el krill y el zooplancton se alimentan de fitoplancton, y en este proceso se produce este mismo químico, con el mismo olor.”

Esto hace que muchas aves marinas se sientan atraídas por aquellos lugares con una mayor concentración de sulfuro de dimetilo, ya que coincide con la existencia de plancton, y por tanto de peces. No es que confundan el plástico por alimento, es que para ellas es alimento.

“Las aves marinas tienen un increíble sentido del olfato y pueden oler el sulfuro de dimetilo en el medio ambiente marino. Lo usan como una señal olfativa para alimentarse. Lo huelen, incluso a kilómetros de distancia, creen que es alimento y se lo comen,” dice Rayner. 

El efecto tóxico de estos polímeros en las aves no se desconoce, prosigue. 

“La gran inquietud es que los plásticos ya están apareciendo en nuestra comida,” dice. 

“Los científicos han comprado pescado y marisco en mercados del sudeste asiático y Australia y han hallado plásticos o restos de ellos en el pescado que luego comemos.” 

Las aves marinas de Nueva Zelanda sobrevuelan todo el Pacífico, llegando incluso hasta la Antártida, de donde también ingieren plástico.

“Estamos afectando a entornos que están a miles de millas de donde vivimos.”

El trabajo de Rayner con las aves marinas se ha llevado a cabo en colaboración con la estudiante de doctorado de Tasmania Lauren Roman y la Sociedad Ornitológica de Nueva Zelanda, que han llevado a cabo las patrullas por la playa y proporcionado algunas de las aves halladas muertas.

“La gente puede cambiar las cosas – cada año van a parar al mar 10 millones de toneladas de plástico. Podemos cambiar las cosas,” concluye.

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