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Credit: Zafer Kizilkaya

Un soplo de esperanza para la foca monje del Mediterráneo

Gracias a una pionera iniciativa de protección marina en aguas de Turquía, la dramática situación de la foca monje del Mediterráneo, uno de los mamíferos marinos más amenazados del mundo, podría estar cambiando.

La foca monje del Mediterráneo (Monachus monachus) está expuesta a un bombardeo de amenazas en todo su rango limitado, incluido el deterioro del hábitat, la contaminación, enredos en los aparejos de pesca, alteración de sus lugares de reproducción y disponibilidad reducida de presas como resultado de las prácticas pesqueras insostenibles e ilegales.

La población global de este cautivador pero amenazado pinípedo es de tan solo 600 individuos, y el número total de adultos se estima en no más de 450. El mar Egeo alberga la mayor subpoblación y unos 100 individuos de éstos se encuentran en aguas de Turquía.

El Área Especial de Protección Medioambiental de la bahía de Gökova es la única área marina de Turquía que se está gestionando de forma activa. Con unos 300 kilómetros cuadrados de hábitat marino y costero, el área es un refugio vital, no solo para la foca monje del Mediterráneo, sino también para el tiburón arenero, meros y otras especies de peces carismáticos pero amenazados.

La ONG turca Akdeniz Foku Arastirma Grubu (SAD-AFAG), uno de los principales grupos que centra sus esfuerzos en la preservación de la foca monje del Mediterráneo, lleva encabezando un programa de conservación en esta área protegida desde 2012, incluidas patrullas conducidas por la comunidad destinadas a minimizar las prácticas pesqueras ilegales y destructivas.

Este programa de patrullas se centra principalmente en 27 kilómetros cuadrados de zonas prohibidas a la pesca que tienen por objetivo proporcionar el nivel más alto posible de protección para los ecosistemas costeros críticos en toda la bahía. Los guardaparques de la comunidad patrullan a diario la zona, reportando a las autoridades cualquier actividad pesquera ilegal.

La estrecha colaboración con los pescadores locales y las cooperativas de pescadores ha ayudado a monitorizar la efectividad de estas medidas protectoras. Por ejemplo, se han registrado meticulosamente los avistamientos y comportamientos de la foca monje y se han instalado cámaras dentro de aquellas cuevas que han sido identificadas como lugares potenciales de reproducción. Los resultados revelan que la participación ciudadana en el cumplimiento de la legislación en las zonas prohibidas a la pesca ha tenido un efecto demostrable en la biodiversidad marina y la economía local.

La disminución de la presión pesquera ha provocado una mayor abundancia de todas las especies de peces en comparación a áreas menos protegidas, provocando un beneficioso efecto en cascada para la foca monje y otras especies marinas depredadoras.

Por lo general, en otras áreas costeras del Mediterráneo, la foca monje se reproduce una vez cada dos años. Pero en la bahía de Gökova puede hacerlo ahora cada año debido al aumento de la disponibilidad de presas. Está el caso de dos parejas reproductoras que han ocupado las cuevas dentro de áreas fuertemente protegidas y cuyas crías han podido ser grabadas.

Credit: Zafer Kizilkaya

Este entrañable mamífero marino no es el único que se ha beneficiado de estas estrictas medidas protectoras. Año tras año, el programa ha registrado aumentos en la población del tiburón arenero, un ignorado depredador ápice vulnerable a la extinción y la emblemática garopa (especie de mero) también está disfrutando una reaparición.

La bahía de Gökova es un brillante ejemplo de un área marina protegida (MPA) que verdaderamente hace lo que se supone que tiene que hacer una área marina protegida. Lamentablemente, no puede decirse lo mismo del resto de aguas turcas. Aunque teóricamente protegidas por un conjunto de MPA, sus aguas están asediadas por prácticas pesqueras destructivas y sufren la misma falta de gestión efectiva – conocida como síndrome de los “parques de papel” – que caracterizaba a la bahía de Gökova antes de la intervención de la ONG.

Con el apoyo del Programa de Paisajes en Peligro, se está intentando replicar el éxito ecológico y económico del modelo de la bahía en seis lugares más en la Costa Turquesa.

Trabajar en estrecha colaboración con los ministros pertinentes, la guardia costera turca y un consorcio de otros colaboradores, la organización llevará a cabo un trabajo de restauración en más de 500 kilómetros de hábitat marino vulnerable a lo largo de la costa mediterránea turca entre las provincias de Mugla y Antalya. Estas medidas de conservación no solo beneficiarán las praderas marinas amenazadas, la foca monje, los tiburones y los meros, sino que también sustentará una actividad pesquera que se ha visto gravemente afectada por la destrucción del hábitat, la contaminación, la disminución de la diversidad marina y el cambio climático.

El objetivo final es establecer una red de áreas marinas realmente protegidas que combatan las amenazas que suponen las prácticas pesqueras ilegales, salvaguardar las bahías y ensenadas ecológicamente vulnerables contra los impactos negativos del turismo (por ejemplo, intrusión de humanos incluso en las cuevas) y ayudar a mitigar los indeseables efectos colaterales del cambio climático, incluida la entrada de especies invasoras.

El destino de la foca monje – y por supuesto de todo el paisaje marino mediterráneo – podría depender del éxito de esta ambiciosa iniciativa.

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