Desde el momento en que nacen, las tortugas marinas luchan por sobrevivir. Enterradas vivas, tienen que salir y esquivar los cangrejos y aves hambrientos mientras avanzan hacia el océano donde empiezará una larga y peligrosa migración. Una de cada mil llegará a la edad adulta. Y aquellas que lo consigan tendrán una carga tóxica.
Los científicos están descubriendo que las tortugas marinas, durante largo tiempo ignorado por los científicos que estudian la fauna silvestre, están sumamente contaminadas de químicos y pesticidas industriales.
La tortuga boba tiene el sistema inmune alterado y los huevos más pequeños algo que algunos estudios han relacionado a los contaminantes. Estos químicos matan las células de las tortugas en experimentos de laboratorio y, en base a la investigación de otra vida marina, los científicos sospechan que las tortugas marinas pueden ser vulnerables a daños en la tiroides, hígado y neurológico.
Las tortugas marinas tienen algunos componentes industriales en su sangre próximos a niveles que dañan a los mamíferos marinos. El año pasado se midieron los perfluoroquímicos (PFC) en la sangre de cinco especies de tortugas frente a la costa sudeste de Estados Unidos y los cálculos sugieren que el riesgo potencial de las tortugas para efectos tóxicos es elevado.
Otros químicos de larga duración también contaminan a las tortugas marinas, incluyendo bifenilos policlorados (PCB) componentes industriales usados ampliamente y prohibidos a finales de la década de 1970 y retardantes de llama bromados (BFRs). “Estos químicos puede que no envenenen extremadamente a los animales pero pueden dejarlos vulnerables a infecciones o a enfermedades infecciosas emergentes,” decía Peter Ross, investigador en Canadá y uno de los principales expertos mundiales en mamíferos marinos y contaminantes.
Algunos químicos, en particular los PCB, han demostrado ser supresores del sistema inmune en la fauna silvestre, contribuyendo a muertes masivas de focas y otros mamíferos marinos a finales de la década de 1980 principios de 1990. Este daño catastrófico no ha sido visto en tortugas. Los contaminantes en su sangre son órdenes de magnitud más bajos que los niveles en la sangre de los mamíferos marinos.
La sopa química dentro de las tortugas procede del alimento que ingieren, que varía de las tortugas golfinas comedoras de cangrejos a las laúd comedoras de medusas, las bobas omnivoras, las carey espongivoras y las tortugas verdes herbíboras. Los contaminantes orgánicos persistentes se magnifican en cada eslabón de la cadena alimentaria hasta los máximos depredadores como delfines, focas y leones marinos. Las orcas son las criaturas salvajes más contaminadas del planeta. Las tortugas marinas varían en su jerarquía y por consiguiente los químicos acumulados en ellos. Dado que algunas pueden vivir hasta cien años, pueden acumular elevados niveles de contaminantes.
En las tortugas laúd, investigaciones han revelado que cierta contaminación se transfiere a sus huevos. Los PCB’s y retardantes de llama bromados (BFRs) están en correlación con huevos de tortugas más pequeños, según un estudio reciente. Varias investigaciones en aves han demostrado efectos parecidos.
Los animales marinos jóvenes son los que están en más peligro. “Es en los primeros estadios que tendemos a ver la evidencia más venenosa de los efectos y estos efectos pueden ser permanentes”
En delfines y algunos otros mamíferos marinos, los PFC han estado relacionados con daños en el sistema inmune, celúlas sanguineas, riñones e hígado.
Ocean Sentry