Algunos peces antárticos que viven en las aguas más frías del planeta puede lidiar con el estrés del aumento del dióxido de carbono en el océano. Pueden incluso tolerar aguas ligeramente más cálidas. Lo que no pueden es lidiar con ambos estresantes a la vez, según un estudio conducido de la Universidad de California, en Davis.
El estudio sobre el austrobacalao esmeral (Trematomus bernacchii), publicado recientemente en la revista Global Change Biology, es el primero que revela que los peces antárticos pueden hacer cambios en su fisiología y su comportamiento para lidiar con la acidificación del océano y el calentamiento de las aguas.
“Para tratar con el estrés climático, estos peces no pueden hacer tareas múltiples a la vez, ” dice la autora Anne Todgham, profesora asociada en el Departamento de Ciencias Animales de la UC.
“Parecen capaces de lidiar con aumentos de CO2 y compensar cierto calentamiento. Lo que no pueden es enfrentarse a ambos estresantes a la vez. Y eso es un problema porque ambas cosas están ocurriendo simultáneamente.
Los peces antárticos viven en aguas de unos -1,9ºC. En su sitio de campo en la Antártida, los autores expusieron austrobacalaos esmeral a dos temperaturas, -1ºC y 2ªC, siendo ésta última el umbral crítico de calentamiento global de los objetivos fijados en el Acuerdo de París para evitar las repercusiones más catastróficas del cambio climático. Los peces también fueron expuestos a tres niveles distintos de CO2, desde niveles ambientales a niveles elevados previstos.
Los niveles de CO2 apenas afectaron al pez. Después de un par de semanas, el ritmo cardíaco, metabólico y tasa de ventilación aumentaban con el calentamiento. Sus comportamientos también cambiaron con el calentamiento. Los peces nadaban menos y preferían zonas oscuras, lo que sugiere que estaban intentando conservar energía. Tras 28 días, los austrobacalaos juveniles pudieron compensar el aumento de las temperaturas. Sin embargo, esta compensación solo ocurría ante la ausencia de niveles crecientes de CO2.
Aunque algunas especies están empezando a desplazarse hacia zonas más frías para escapar de los hábitats más cálidos, los peces polares no tienen ningún lugar más frío al que ir. Tienen que lidiar con el calentamiento y la acidificación de los océanos usando su fisiología existente que, según ha revelado el estudio, es limitada.
El austrobacalao esmeral ayuda a formar la base de la cadena alimentaria marina, sustentando un ecosistema de especies tales como pingüinos emperadores y focas.
“La Antártida ha contribuido muy poco a la producción de gases de efecto invernadero y sin embargo es uno de los lugares del planeta que más se está viendo afectado,” dice Todgham. “Creo que tenemos la responsabilidad de cuidar de estos espacios tan frágiles. Si podemos proporcionar áreas de reserva que sean menos estresantes para la flora y la fauna protegiendo lugares naturales, podemos ganar algo de tiempo para tratar con los problemas del cambio climático.”
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