La población de pingüino de Humboldt, que solo anida en partes de Chile y Perú, ha ido disminuyendo por el invasión humana, la infestación de roedores y fenómenos climáticos como El Niño.
El islote Pájaro Niño, que se extiende a través de un estrecho canal de agua desde la popular área de complejos hoteleros de Algarrobo, solía ser frecuentada por unas 2000 aves durante la temporada de anidación.
Hoy en día solo cerca de 500 vienen a esta área situada a unos 120 kilómetros (75 millas) al oeste de Santiago.
“Esta área solía estar completamente llena de pingüinos y otras aves pero a lo largo del tiempo sus poblaciones han disminuido,” decía Ruben Rojas, un pescador local.
Hay varias variedades de pingüinos que habitan Chile sin embargo las mayores colonias de Humboldt pueden encontrarse en la porte septentrional del país. Las aves son identificables por las bandas distintivas negras en su pecho.
Expertos han expresado su alarma por la rápida desaparición de los pingüinos. La especie una vez abundante está clasificada en Chile como “vulnerable” mientras que en Perú las aves han sido clasificadas como “en peligro de extinción.”
Alejandro Simeone, directo del Departamento de Ecología y Biodiversidad en la Universidad Andrés Bello, señala que actualmente quedan menos de 50.000 pingüinos de Humboldt en Chile y Perú.
“Una multiplicidad de factores amenazan una especie sumamente reducida en comparación a su población original,” decía.
El comienzo de su disminución se remonta a 1978, cuando la isla, que también es santuario marino, fue unida al continente por medio de una especie rompeolas de cemento que cubre los cerca de 150 metros que la separa de tierra firme y diseñado para proteger los yates de los magnates chilenos.
Los residentes locales dicen que han observado un impacto negativo en la fauna y flora derivado de su construcción.
Los trabajos se realizaron para dar cabida a la Cofradía Náutica del Pacífico Austral, un exclusivo club de yates de millonarios chilenos. Sin embargo para los habitantes de Algarrobo aquello fue el inicio del paulatino detrimento de la flora y fauna del islote.
En el último verano austral las suposiciones de los pobladores se vieron confirmadas al difundirse un vídeo que mostraba a trabajadores de la Cofradía rompiendo los huevos de los pingüinos para evitar que se sigan reproduciendo.
Rojas dice que a los regatistas les molesta el excremento que dejan las aves. “Dicen que hacen que la isla huela mal,” explica.
Los fiscales dicen que están investigando la supuesta destrucción de los huevos.
Parte de la culpa de la desaparición gradual de los huevos apunta a las redes de los pescadores que enredan a cientos de aves cada año.
Parte de culpa señala también al fenómeno climático de El Niño y a las corrientes de agua templada que lleva.
La corriente gélida de Humboldt, de la que el pingüino recibe su nombre, lleva el alimento preferido de las aves, como anchovetas o sardinas.
Sin embargo las corrientes de El Niño “calientan las aguas, dificultando a los pingüinos hallar el alimento que forma su dieta habitual,” dice Guillermo Cubillos del Zoo Nacional de Santiago.
“Cuando se presenta un acontecimiento de El Niño sucede que las aguas ecuatoriales superficiales entran a las costas chilenas haciendo que la corriente de Humboldt baje en profundidad y situándose encima la corriente más cálida encima. Esto provoca que la distribución del alimento esté más alejada de los pingüinos”, explica.
Si este calentamiento de las aguas ocurre durante la temporada de cría, muchos de los huevos o polluelos mueren de frío y hambruna, porque sus padres tardan o simplemente no logran regresar con alimento.
“Pero las aves están habituadas a este tipo de acontecimientos. Al año siguiente la especie se recupera. Lo que está ocurriendo ahora es que la pesca está extrayendo una cantidad importante de peces y no alcanzan a recuperarse. Se suman las cosas”, dice Simeone.
Los roedores también son vistos como un importante culpable. El rompeolas de cemento que conecta el islote con el continente también ha dado libre acceso a roedores, que devoran los huevos y las eclosiones de los pingüinos nidificadores.
Un estudio de 2012 halló que casi la mitad de los huevos de pingüinos en la isla eran devorados, principalmente por roedores, en las primeras 12 horas del periodo de reproducción.
Foto: Veronique Debord/Flickr
Ocean Sentry