Las aguas de las islas Galápagos llevan calentándose desde la década de los 70, según un nuevo análisis de los archivos de la temperatura natural almacenada en los arrecifes de coral.
Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores de la Universidad de Arizona (UA) porque los registros instrumentales de la temperatura de la superficie del mar en esa parte del Pacífico oriental tropical no habían revelado ningún calentamiento.
“La gente teorizó o sugirió que se estaba enfriando,” dice la autora principal Gloria Jiménez, candidata doctoral en geociencias de la UA.
Se había pensado que un fuerte afloramiento de aguas profundas más frías a la superficie había librado a la región del calentamiento observado en otras partes del Pacífico, dice.
Jiménez estudió los núcleos extraídos de los corales en la parte norte deshabitada del Parque Nacional Galápagos. Los núcleos representaban los años entre 1940 y 2010. Los corales establecen capas de crecimiento estacional que sirven de archivo natural de las temperaturas del océano.
Su análisis reveló que entre 1979 y 2010 las temperaturas regionales del mar habían aumentado casi 0,2ºC por década – unos 0’6ºC en total.
Un fuerte El Niño de 1982-83 calentó tanto las aguas circundantes temporalmente que mató la mayoría de los corales en la parte sur de Galápagos, dice la coautora Julia Cole, que recogió los núcleos de coral.
“El calentamiento en esta área es particularmente inquietante porque es el único lugar de las Galápagos donde los arrecifes han persistido, lo que sugiere que son más vulnerables de lo que pensábamos,” dice Cole, profesora actualmente de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente de la Universidad de Michigan.
El informe “Northern Galápagos corals reveal twentieth century warming in the eastern tropical Pacific” ha sido publicado en la revista Geophysical Research Letters.
En 1989, Cole fue a las Galápagos esperando usar los archivos climáticos naturales almacenados en los corales para desarrollar un registro a largo plazo de El Niño, pero halló que ninguno de los corales más grandes y antiguos había sobrevivido al intenso calentamiento del El Niño del 1982-83.
“Fuimos de un sitio a otro y todos habían desaparecido,” dice Cole. “Uno de mis colaboradores dijo ‘Aquí solía haber corales, y todo lo que veo ahora es arena’.”
Años más tarde, Cole escuchó decir que los corales más grandes seguían vivos cerca de la Isla Wolf, en la remota parte norte del archipiélago de Galápagos, de manera que en 2010 reunió a un equipo.
El equipo se sumergió y tomó varias muestras de los núcleos de coral de Porites lobata usando un taladro hidráulico submarino. Los núcleos de 8,9 cm de diámetro oscilaban entre los 60 cm y los 91 cm de largo y tenían bandas anuales de entre 1 y 2 cm. Cada núcleo reveló daños de cuando el coral dejó de crecer durante El Niño de 1982-83 y luego empezó a crecer de nuevo.
Jiménez usó análisis químico para extraer información de la temperatura de dos de los núcleos del coral.
Los esqueletos del coral están formados en su mayoría de carbonato de calcio. Sin embargo, a veces, los corales sustituyen el calcio por estroncio. Los corales sustituyen más estroncio cuando las aguas están más frías y menos cuando están más cálidas, de manera que la proporción entre estroncio y calcio de un trozo de esqueleto puede revelar cuál era la temperatura del agua cuando se formó ese trozo de esqueleto. Jiménez usó espectrometría de emisión atómica para analizar esta proporción.
Luego usó esa información para crear registros continuos de la temperatura del océano de la región entre 1940 y 2010.
Dado que el ciclo climático El Niño/La Niña genera grandes fluctuaciones en las temperaturas del océano alrededor de las Galápagos y el Pacífico tropical oriental, los cambios a largo plazo pueden ser díficiles de ver.
Jiménez quería determinar si la temperatura oceánica de la región había cambiado notablemente entre 1940 y 2010. Para ello, analizó las cronologías de la temperatura del coral.
Jiménez dice que su investigación la convence de que las aguas alrededor de las Galápagos y gran parte del Pacífico tropical oriental se están calentando.
“El Parque Nacional Galápagos es Patrimonio Mundial por ser un lugar único y especial,” dice. “Perder los corales sería un golpe enorme para la biodiversidad submarina.”
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