La pesca puede tener efectos devastadores en las aves marinas, quedando no solo enredadas en los anzuelos y redes sino siendo un problema crónico que priva a las aves de sus presas, las mismas que son objetivo de los buques pesqueros. Un estudio ha identificado lo que parece ser el grado universal de peligro: cuando la biomasa del llamado pez forrajero se ecuentra por debajo de un tercio de su máximo, aves marinas de muchas especies empiezan a tener menos polluelos. El estudio, el más exhaustivo emprendido hasta la fecha, abarca aves del Ártico al Antártico y desde el Pacífico al Atlántico.
El estudio se centra en las aves marinas que se alimentan principalmente de peces forrajeros como el lanzón, el arenque o la sardina. Estos peces, claves en los ecosistemas marinos, son explotados también por los humanos.
‘Se trata de uno de los artículos más importantes de aves marinas que se publicará en algún momento,’ comenta la biólgoca Dee Boersma de la Universidad de Washington, Seattle, no implicada en la investigación. Los hallazgos demuestran una dependencia extendida de las aves marinas en los pequeños peces forrajeros, dice. Para proteger a las aves, los autores del artículo piden una reducción de las cuotas de peces forrajeros.
‘El problema sigue siendo que la mayoría de pesquerías no están gestionadas o controladas de forma adecuada,’ dice co-autor Philippe Cury del Instituto de Investigación para el Desarrollo en Sète, Francia. En todo el mundo, cerca del 25% de las poblaciones de peces forrajeros se encuentran en una situación de colapso, añade.
Un ejemplo clásico de aves marinas que han sufrido los efectos de la sobrepesca es el frailecillo en Noruega. Cuando la población de arenques en el Mar de Noruega se colapsó en la década de los 60, los frailecillos tuvieron problemas en la reproducción, provocando un descenso de la población de un 64%. Sin embargo, ¿hasta qué punto el problema empieza a perjudicar a las aves marinas? Para buscar una relación general entre la abundancia de pez forrajero y el éxito reproductivo de las aves, Cury y un equipo internacional de investigadores examinaron los datos sobre peces y 14 especies de aves marinas de siete ecosistemas de todo el mundo. Los registros variaron de 15 a 47 años de duración.
‘A medida que ‘pesquemos hacia abajo en la cadena alimentaria’ para la producción de pienso, esperamos ver mayores impactos en las aves marinas,’ señala la directora de USGS Marcia McNutt.
Todas las especies de aves marinas mostraron la misma respuesta, informa el equipo en el número del 23 de diciembre en la revista Science. El número de recién nacidos por pareja reproductora empezaba a descender cuando la abundancia de pez forrajero descendía por debajo de un tercio de la cantidad máxima observada. ‘La mayor sorpresa fue la consistencia de la relación,’ dice el coatuor Ian Boyd, especialista en mamíferos en la Universidad de St. Andrews en el Reino Unido.
Boyd dice que una vez una presa se hace demasiado escasa, la caza se hace probablemente ineficiente y las aves no tienen suficiente alimento para criar con éxito suficientes polluelos. Aunque las aves marinas se adaptan a las vicisitudes de la vida- las poblaciones de peces forrajeros tienen enormes fluctuaciones naturales- la población puede descender cuando la pesca deprime los niveles durante muchos años consecutivos. ‘Es un efecto corrosivo,’ dice Boyd.
El biólogo de pesquerías Steven Murawski de la Universidad de Florida del Sur en Tampa dice que una pesquería gestionada de forma adecuada asegurará la sostenibilidad de los propios peces. Fuente
Ocean Sentry