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Niveles de estrés desorbitados en las heces de ballenas del Atlántico Norte enredadas en artes de pesca

En un nuevo estudio publicado esta semana en la revista Endangered Species Research, científicos expertos en la ballena franca del Atlántico Norte hallaron que las ballenas que sufren enredos crónicos en artes de pesca tienen niveles hormonales muy elevados, lo que revela un estrés severo.

Durante 15 años, los investigadores usaron una pionera técnica que consiste en examinar las heces de ballenas vivas, enredadas en artes de pesca y muertas.

“Por primera vez podemos obtener los niveles hormonales no solo de ballenas muertas sino también de vivas,” dice la Dra. Rosalind Rolland, autora principal del estudio y científica sénior del Centro Anderson Cabot para la Vida Oceánica en el Acuario de Inglaterra, quien ha desarrollado la técnica. “Estos niveles revelan estrés provocado por un trauma físico extremo. Es un asunto de bienestar animal.”

Para una población de solo unos 450 individuos, este verano ha sido devastador para la especie en grave peligro, con 16 muertes documentadas, 12 en Canadá y 4 en los Estados Unidos. Para cinco de las ballenas muertas, Rolland y el equipo del Centro Anderson Cabot pudieron usar este crítico análisis para investigar la cronología de la muerte. Los niveles hormonales indicaban si la ballena murió rápidamente o estuvo agonizando durante varios días o más. “Es una herramienta más para determinar la causa de la muerte,” dice.

Entre 1999 y 2014, los científicos obtuvieron muestras de material fecal de 125 ballenas del Atlántico Norte distintas: 113 ballenas sanas, 6 ballenas que sufrían enredos crónicos en líneas de palangre, una ballena varada durante varios días pero con vida y 5 que murieron rápidamente debido a colisiones con barcos. En cuestión de minutos de incidentes inductores de estrés, los glucocorticoides, o hormonas del estrés, se liberan al torrente sanguíneo de las ballenas. Rolland y sus colegas hallaron que los productos metabolizados de estas hormonas aparecen en las heces uno o dos días después, ayudando a determinar si una ballena murió rápidamente o más lentamente. Se hallaron elevados niveles de la hormona en ballenas con enredos crónicos y en la ballena varada viva, pero no en ballenas que habían muerto rápidamente debido a una colisión.

Aunque los científicos del Centro Anderson Cabot han trabajado para reducir el número de muertes a lo largo de los años, existe una gran preocupación por los potenciales enredos de estos enormes animales en los cabos de pesca. Estos aparejos envuelven sus cuerpos durante un promedio de seis o más meses. En casos extremos, los cabos cortan el tejido corporal, provocando infecciones sistémicas y finalmente muertes lentas y dolorosas. Las ballenas también pueden morir ahogadas debido a los enredos severos. El estrés crónico provocado por los enredos prolongados afecta a su capacidad reproductora y a su salud en general.

Agravando el problema está el solapamiento del hábitat principal de la ballena del Atlántico Norte a lo largo del litoral noroeste con densas áreas de pesca, donde hay un elevado número de trampas para langostas y cangrejos, cabos y otras artes de pesca. Esta combinación ha llevado a una tasa extraordinaria de enredos. Según un análisis conducido por el Centro Anderson Cabot, el 83 por ciento de todas las ballenas del Atlántico Norte han sufrido un enredo en algún momento de sus vidas y más de la mitad ha sufrido más de una interacción con un arte de pesca.

Aunque la ballena del Atlántico Norte lleva declarada especie en peligro de extinción desde hace más de 40 años, la protección federal no ha ayudado a la recuperación de la especie al mismo ritmo que otras especies de grandes ballenas. Reducir los enredos mediante innovaciones en las artes de pesca sigue siendo punto focal de investigación.

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