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Miami se convierte en el máximo importador de aletas de tiburón de los Estados Unidos

La posición de la ciudad de Miami como centro neurálgico para la industria de importación y exportación y puerto de entrada para productos que van desde el oro sucio al contrabando de aves cantoras, la ha llevado ahora a encabezar un cuestionable comercio: las aletas de tiburón.

Desde 2005, Miami encabeza la lista de lugares que más aletas de tiburón importa de Hong Kong, debido probablemente a un creciente número de prohibiciones a las importaciones en otros estados. Según un estudio conducido por la organización sin ánimo de lucro Oceana, el número de aletas que llegan al puerto de Miami procedentes de Hong Kong, el centro histórico del comercio de aletas, se redujo entre 2010 y 2014. Pero tras las prohibiciones de las importaciones por parte de California y Nueva York en 2011 y 2013 respectivamente, los envíos de aletas han aumentado de nuevo.

Doce estados, salvo Florida, prohíben actualmente las importaciones de aletas de tiburón.

La organización está presionando por una prohibición federal de las aletas de tiburón, argumentando que Estados Unidos, que solo importa una pequeña parte de las aletas comercializadas en todo el mundo, debería dar ejemplo y cerrar las puertas a una industria que cada año se cobra la vida de 73 millones de tiburones.

Aunque la práctica de amputar las aletas de los tiburones en alta mar, llamada shark finning o aleteo, está prohibida en los Estados Unidos, las aletas aún pueden obtenerse de aquellos tiburones desembarcados o importados de países sin prohibiciones. También es probable que las laxas regulaciones en Malasia y Hong Kong, que importan más de 350 veces más aletas que Estados Unidos, signifique que las aletas de tiburones que están en peligro estén acabando en los mercados estadounideses.

“Si nuestras pesquerías tienen regulaciones estrictas pero seguimos importando aletas de otros países que no tienen regulaciones pesqueras tan estrictas, entonces estamos protegiendo nuestro entorno a costa de explotar otros,” dice Niel Hammerschlag, experto en tiburones de la Escuela de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami.

El comercio de aletas sigue siendo la mayor amenaza para los tiburones, dice Hammerschlag, y es el motor principal de la pesca de tiburones.

El mercado de aletas de tiburones se originó en Asia hace siglos, donde la sopa de aleta de tiburón iba destinada a la aristocracia china. El plato prácticamente desapareció con el surgimiento del comunismo, pero renació con el auge de la clase acomodada, convirtiéndose en un plato común en los banquetes de boda. Las campañas lideradas por grupos conservacionistas han ayudado a retirarla de los menús – las parejas chinas ahora se enorgullecen de recepciones sin sopa de aleta de tiburón – pero las aletas siguen usándose en la medicina tradicional y son vistas como un signo de preeminencia social en otros países asiáticos.

Según la organización Animal Welfare Institute, son pocos los restaurantes en Florida que ofrecen sopa de aleta de tiburón, aunque Hammerschlag sospecha que algunos restaurantes de lujo la ofrecen bajo demanda.

Llamar aletas legales a las aletas ilegales también puede ser engañoso. Según un estudio de la Universidad internacional de Florida conducido en 2017 que examinó 4.800 aletas compradas en un mercado de Hong Kong entre 2014 y 2015, casi un tercio procedía de tiburones protegidos amenazados de extinción.

Y la práctica del finning, el lado más espantoso de la industria, sigue siendo difícil de controlar. Para dar cabida a tantas aletas como sea posible, los pescadores cortan las valiosas aletas de los tiburones y arrojan los animales aún vivos por la borda puesto que la carne apenas tiene valor en el mercado. Estados Unidos y cerca de 30 países más prohíben las aletas de tiburón parcial o totalmente.

En marzo de 2017, funcionarios del Departamento de Fauna Silvestre de Florida detuvieron a un barco camaronero a 20 millas al norte de Key West y descubrieron docenas de aletas en las bodegas. Más de un año después, el caso sigue abierto sin que se haya presentado cargo alguna, decía esta semana un portavoz de la división de pesca de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

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