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Dos estudios publicados hoy en Nature Climate Change revelan que las elevadas concentraciones de dióxido de carbono pueden provocar la muerte y daño en los órganos de peces muy jóvenes.
El trabajo pone en entredicho la creencia de que los peces, a diferencia de aquellos organismos con caparazones o exoesqueletos formados de carbonato de calcio, estarán a salvo con el aumento de los niveles de CO2.
Los océanos actúan como esponjas de carbono, atrapando CO2 de la atmósfera al agua. Cuando el CO2 se mezcla con el agua, forma ácido carbónico haciendo más ácida el agua. El descenso del ph elimina del medio marino la calcita y el aragonito- minerales carbonatados esenciales para el esqueleto y formación de conchas.
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Ocean Sentry