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Los microplásticos pueden afectar al modo en que se forma y funde el hielo marino ártico

La contaminación por plástico en los océanos se ha convertido en un problema social importante al tratarse de un contaminante común y persistente en los océanos y playas de todo el mundo. La gente suele asociarla a botellas que flotan en el agua, artes de pesca que llegan a las playas o bolsas de plástico que las tortugas confunden por medusas. Pero estos objetos son solo la punta del iceberg.

Las partículas más pequeñas son también una parte importante del problema. Las partículas de plástico más pequeñas de 5 mm reciben el nombre de microplásticos. Pueden originarse del diseño deliberado (agentes de limpieza o productos de cosmética tales como exfoliantes), la fragmentación de plásticos más grandes o microfibras de la ropa.

Las repercusiones de los microplásticos en el medio ambiente y la salud humana siguen siendo objeto de estudio.

La gente se equivoca si asume que el Ártico es un lugar prístino. Sus aguas están bajo la amenaza silenciosa de estas partículas que llegan arrastradas por las corrientes oceánicas.

Y se prevé que las concentraciones de plástico en el Ártico aumenten rápidamente debido a la entrada creciente de agua de deshielo, la intensificación del tráfico marítimo y la extracción de recursos. Dada la excepcional vulnerabilidad de este ecosistema, existe una necesidad urgente de evaluar la distribución, rutas y destino de los microplásticos en la región.

En un informe reciente publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, los científicos estudiaron si los microplásticos podrían incorporarse en la estructura del hielo marino y cómo lo hacen. Los microplásticos dentro del hielo marino podrían afectar a la absorción de la radiación solar, afectando al efecto albedo – reflejo de la luz solar al espacio- una de las propiedades clave en términos de regulación de intercambio de calor entre el océano y la atmósfera.

Los cambios en el efecto albedo del hielo marino tendría consecuencias profundas en el ciclo anual del crecimiento del hielo y su deshielo.

Para probar la hipótesis, los científicos crearon un microcosmos en unas instalaciones exteriores de la Universidad de Manitoba, Canadá: una piscina exterior donde pueden hacer crecer hielo.

Los investigadores crearon dos conjuntos separados, cada uno con 12 microcosmos de un metro cúbico. El primer conjunto se usó para medir los niveles de luz, mientras que el segundo se usó para recoger muestras del hielo marino. Luego añadieron manualmente microplásticos para monitorizar su incorporación en el el hielo marino mientras éste se iba formando.

Usaron cuatro concentraciones distintas por litro: control (sin partículas), baja (120), media (380) y alta (1.200). Luego usaron un tinte llamado Rojo Nilo para no perder la pista los microplásticos a medida que el agua se iba congelando. Bajo una luz fluorescente, el tinte hacía que los plásticos brillaran, permitiendo al equipo ver cómo el hielo marino concentra microplásticos en su estructura y, una vez incorporados, cómo estas partículas permanecen en la matriz del hielo.

Los científicos hallaron concentraciones elevadas de partículas en la superficie del hielo marino debido a la flotabilidad de éstas y a la rápida formación de cristales de hielo, que atrapan las partículas a medida que el hielo crea una capa firme. Aunque los microplásticos no afectan a las tasas de crecimiento del hielo, sí pueden afectar al efecto albedo en respuesta a sus concentraciones.

Para determinar los efectos en el mundo real, el equipo midió las concentraciones de microplásticos en varias muestras de hielo marino recogidas en el golfo de Bothnia (mar Báltico). Observaron concentraciones de microplásticos similares a las observadas en el océano Ártico (entre 8 y 41 partículas por litro), pero mucho más bajas que las concentraciones en el experimento. A estas concentraciones, el equipo no espera que la incorporación de microplásticos tenga efecto en el albedo del hielo marino.

Para regiones con concentraciones más altas, o si las concentraciones aumentan, el equipo prevé que las propiedades del hielo marino podrian cambiar. Estos cambios no solo podrían afectar de forma importante al albedo sino también a los procesos fotoquímicos y fotobiológicos que ocurren en el hielo marino, tales como la disponibilidad de luz para las algas que viven debajo de la cobertura de hielo, con efectos potenciales en la base de la red trófica del Ártico.

 

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