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The fires burning in Siberia can be seen from space, as well as the smoke they are producing. Flickr: Pierre Markuse

Los incendios siguen devorando los bosques boreales del círculo polar ártico

Los satélites en órbita siguen monitorizando las enormes columnas de humo procedentes de los incendios declarados en áreas de Rusia, incluida Siberia, así como en Canadá y Alaska, debido a las condiciones inusualmente cálidas y secas.

Durante las últimas semanas, científicos del Servicio de Monitorización de la Atmósfera Copérnico (CAMS), que proporciona datos e información de la composición de la atmósfera de forma continua, han publicado nuevas imágenes que revelan los enormes incendios forestales que se están declarando por el círculo polar ártico, con consecuencias potenciales para el medio ambiente.

Los incendios siguen asolando la región en plena ola de calor en Europa y Estados Unidos y llegan tras el que ha sido el junio más caluroso registrado nunca en el planeta. Noruega y Finlandia han registrado temperatures que rondan los 33°C. Y estas olas de calor están contribuyendo a la situación desbocada en el Ártico, lo que llevará a otro mínimo sin precedentes en el hielo marino Ártico.

Solo en Alaska se han registrado casi 400 incendios forestales este año y cada día se están declarando otros nuevos. Además, la temperatura media durante el mes de junio en partes de Siberia, donde se están produciendo los incendios, fue casi 10ºC más alta que la media entre 1981 y 2010.

En los últimos años, los bosques boreales del planeta – los más septentrionales del mundo y que abarcan enormes franjas de tierra en Alaska, este de Siberia y Groenlandia – han estado ardiendo a una velocidad no vista en al menos 10.000 años, según informa la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

“Aunque los incendios son comunes en Alaska entre mayo y octubre, los que se están declarando en Siberia no son habituales,” dice Pierre Markuse, experto en imágenes por satélite. Tampoco lo son la intensidad, latitud y duración.

Markuse captó imágenes por infrarrojo de las áreas afectadas, donde se ven las densas columnas de humo.

El Dr. Santiago Gasso, científico de la NASA, dice que los incendios en Siberia han creado una capa de humo sobre más de 4,5 millones de metros cuadrados de tierra del norte de Asia.

“En función del tiempo que permanezcan puede haber consecuencias ecológicas,” explica. “Por ejemplo, un humo de una densidad así impide que la luz del sol llegue a la superficie en la cantidad necesaria para que se lleve a cabo la fotosíntesis.”

“El humo no solo bloquea la luz solar, sino que también absorbe la luz, calentando un área de la atmósfera que de otro modo se había enfriado y por tanto agravando el cambio climático.”

Desde principios de junio, CAMS ha registrado más de 100 incendios por todo el círculo polar ártico.

Mark Parrington, científico sénior del CAMS, dice que la intensidad y duración de los incendios no tiene precedentes.

“Es inusual ver incendios de esta magnitud y duración en estas latitudes en junio,” decía Parrington a principios de mes. “Pero las temperaturas en el Ártico han estado aumentando mucho más rápido que la media global y estas condiciones más cálidas están favoreciendo la intensidad de estos incendios y la duración una vez se han declarado,” dice.

Informa que la cantidad de dióxido de carbono emitido por los incendios declarados en el Ártico entre el 1 junio y el 21 de julio de este año ya ronda los 100 megatones y que ha superado las emisiones de CO2 anuales emitidas por países como Bulgaria, Hungría o Suecia.

A la grave situación se suma el efecto adverso que supone la materia particulada (hollín) que cae sobre áreas heladas del norte, haciendo que la luz solar sea absorbida en lugar de ser rebotada al espacio exterior como haría el hielo blanco, en un proceso de retroalimentación positiva.

Aunque los incendios son comunes durante el verano en Alaska, el experto climático de la Universidad de Alaska, Rick Thoman, dice que la estación de incendios de este año ha empezado mucho antes, con más de 400.000 hectáreas arrasadas en tan solo las tres últimas semanas.

“Solíamos sufrir incendios de este tamaño una vez cada década, pero ahora están ocurriendo con más frecuencia. Desde 2004, esta es la sexta vez que hemos sufrido incendios de esta magnitud,” dice.

Más allá de las repercusiones locales, Thoman dice que el aspecto más preocupante es la exposición del permafrost a la luz solar directa, que podría provocar la liberación de metano, un potente gas de efecto invernadero, que lleva congelado millones de años.

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