El derrame de Deepwater Horizon (DWH) en 2010 en el golfo de México fue la mayor fuga accidental de crudo al mar, con aproximadamente 210 millones de galones.
En un intento por evitar que enormes cantidades de crudo ensuciaran playas y marismas, BP vertió 1,84 millones de galones de dispersante químico en la subsuperficie y superficie del área afectada.
Se pensó que el dispersante se degradaría rápidamente en el entorno. Sin embargo, un nuevo estudio conducido por científicos de Haverford College y la Institución Oceanográfica de Woods Hole (WHOI) ha hallado que el componente dispersante DOSS, que disminuye el tamaño de las gotas de crudo y dificulta la formación de enormes manchas, sigue asociado al crudo y puede persistir en el medio ambiente hasta cuatro años.
El estudio ha sido publicado en Environmental Science & Technology Letters.
El estudio ha examinado las muestras de corales de profundidad y sedimentos adyacentes recogidas en diciembre de 2010 así como las galletas de chapapote halladas en las playas desde julio de 2010 hasta hoy.
“Hallamos que el DOSS persistía en cantidades variables en las comunidades coralinas de agua profunda seis meses después del derrame y en las playas del golfo de México entre 26 y 45 meses después del derrame,” dice la autora principal Helen White, profesora asistente de química en Haverford College.
“Estos resultados indican que los dispersantes, que se pensaba que sufrirían una rápida degradación en la columna de agua, siguen asociados al crudo en el medio ambiente y que pueden persistir durante 4 años.”
Encontrar dispersante en las muestras de agua profunda no ha sido una sorpresa para los investigadores. Un trabajo anterior por la coautora Elizabeth Kujawinski halló que el DOSS sufría un proceso de degradación lento en el océano profundo.
“El mar profundo es frío y oscuro y, en estas condiciones, la degradación de los componentes dispersantes ocurre mucho más lentamente,” decía Kujawinski.
“Lo interesante es que las galletas de chapapote que hemos encontrado en las playas cuatro años después todas tienen DOSS, y es algo que no esperábamos.”
White y su colega de estudio Chris Reddy en WHOI han estado monitorizando las playas en busca de muestras de crudo desde el momento del derrame. Este trabajo de campo forma parte de un esfuerzo por comprender mejor la distribución geográfica y temporal de las galletas de chapapote.
Para este estudio, financiado por el Instituto de Investigación del golfo de México, White y su equipo en Haverford desarrollaron un método para aislar el DOSS de las muestras de crudo sólidas. Anterior a este estudio, el dispersante solo había sido analizado en muestras acuosas. Posteriormente White envió los componentes aislados al laboratorio de Kujawinski, donde los investigadores usaron instrumentos sofisticados para cuantificar el DOSS en muestras recogidas de entornos que se sabía contenían crudo del vertido.
“Las cantidades que detectamos eran bastante pequeñas pero estamos hallando este componente en lugares donde esperábamos que los dispersantes habrían desaparecido, ya sea disueltos en el agua o degradados por bacterias,” decía Kujawinski.
¿Qué significa para la vida marina o para la gente que frecuenta las playas la presencia de DOSS en sedimentos de mar profundo y corales y en galletas de chapapote en las playas del golfo? Los científicos siguen sin saberlo.
“Es difícil saberlo porque desconocemos su toxicidad. La Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha determinado que las concentraciones de DOSS pueden ser dañinas para la vida marina pero se desconoce la toxicidad del DOSS en forma sólida (no acuosa) como los sedimentos o las galletas de chapapote,” dice White.
“Sabemos que si medimos ‘x’ cantidad de este componente en “y” cantidad de agua es tóxico pero no podemos comparar estas muestras con lo que hemos encontrado en las galletas de chapapote porque estamos examinando este componente en una mezcla de crudo y arena.”
Los investigadores esperan centrar las futuras investigaciones en comprender mejor el porqué los componentes dispersantes pueden persistir en el entorno tanto tiempo. En particular, quieren saber porqué no se degradan en entornos costeros donde las temperaturas son más altas durante gran parte del año y hay más exposición solar.
“No se pensaba que el dispersante persistiera tanto tiempo,” dice Kujawinski. “Ahora que sabemos que puede encontrarse hasta 4 años después del derrame, se hace más necesario comprender sus repercusiones en el entorno.”
Ocean Sentry