Fisher Stevens es actor, director y productor de ‘The Cove’, una película nominada al Óscar que en 2009 ganó el premio al mejor documental de la National Board of Review. Cofundó la compañía de teatro Naked Angels en 1986 y las películas GreeneStreet en 1996.
“Antes de empezar a trabajar en el documental ‘The Cove’, asumía, como tantos otros, que los delfines y las orcas disfrutaban viviendo en el Sea World y otros parques marinos. Parecían estar siempre sonriendo, dando saltos alegremente alrededor de sus piscinas, ansiosos por realizar algún espectáculo para los espectadores humanos.
Sin embargo mi perspectiva cambió cuando conocí a Ric O”Barry. O’Barry fue el hombre responsable de capturar de su estado salvaje a Kathy, el delfín ‘Flipper’ original, y quien ayudó a crear el lenguaje empleado para adiestrar a los delfines para que realicen trucos y piruetas. Cuando hace unos años Kathy murió en sus brazos, O’Barry se dio cuenta de que todo el proceso de captura y adiestramiento de delfines era injusto.
Finalmente co-escribió el libro ‘Behind the Dolphin’s Smile’ (‘Detrás de la sonrisa del delfín’) donde explica que las sonrisas que ves en estos animales no son reflejos verdaderos de felicidad. En realidad, odian estar confinados en sus tanques y a menudo no reciben alimento hasta que llega la hora de realizar sus rutinas diarias.
Durante su época como domador, O’Barry aprendió que los delfines tenían sentimientos verdaderos de depresión, estrés y suicidio. En algunos parques marinos, los adiestradores han de suministrar Maalox y Tagamet a los delfines y orcas para tratar las úlceras que desarrollan a consecuencia del estrés.
La horrible tragedia ocurrida la semana pasada en el Sea World de Orlando, Florida, me ha dejado profundamente estremecido. Mi corazón va para Dawn Brancheau y su familia. Dawn perdió la vida haciendo el trabajo que amaba, sin embargo O’Barry cree que su trabajo ya no debería tener cabida.
Ahora sabemos que la ballena implicada en este accidente tiene un historial bien documentado de comportamiento violento. SeaWorld conoce la historia y aun así sigue explotando al animal y poniendo en peligro las vidas de sus empleados con tal de llenarse los bolsillos. Si esto no es una llamada al despertar entonces no sé lo que es.
En este preciso instante, una docena de barcos en el pueblo de Taiji, Japón, están conduciendo a cientos de delfines hacia una apartada cala. Los pescadores bloquearán con redes su salida y con ayuda de personal procedente de varios delfinarios intentarán encontrar entre la captura al próximo ‘Flipper’. Los pescadores arrebatarán a estas asombrosas criaturas de sus hábitats naturales, las sacarán del mar con redes, las subirán en aviones y las tirarán en una piscina de cemento en el centro de Turquía, Corea o de cualquier otro país asiático.
Y de alguna manera son los afortunados. Han escapado del destino que les aguarda a muchos de sus compañeros de manada, masacrados de forma brutal con primitivos arpones que convierten la cala de Taiji en una escena sacada de ‘Moby Dick’ de Melville. El agua se tiñe de rojo brillante con la sangre de los cuerpos mutilados. Posteriormente y a pesar de las inquietudes para la salud derivadas del contenido en mercurio, los pescadores llevarán la carne a puerto donde la venderán a minoristas locales.
Ha llegado el momento de cambiar las cosas en las vidas de estos animales. Hasta que no nos deshagamos de estos parques marinos, delfines y otros mamíferos marinos seguirán siendo capturados y masacrados.
Ya no nos sirve el argumento de que los espectáculos de SeaWorld “nos hacen amar a los delfines y que quieren protegerlos”. No puede estar más alejado de la verdad. Tal y como yo lo veo, solo amaremos y entenderemos a estos animales cuando podamos observarlos nadando en libertad y sonriendo de verdad en su hábitat natural. ‘
Más info sobre Ric O’Barry, la película The Cove y la matanza de delfines en Taiji
Ocean Sentry