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Los balleneros japoneses mataron a 122 madres gestantes y 114 crías durante su caza de ballenas el verano pasado

Los balleneros japoneses arponearon, mataron y realizaron la necropsia de 333 rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata) durante su caza anual el verano pasado en el Océano Austral- y 122 de esas ballenas eran madres gestantes.

La expedición, presuntamente con “fines científicos”, también resultó en la matanza de 114 crías y ballenas jóvenes, según un informe publicado por la Comisión Ballenera Internacional (CBI).

Según éste, la supuesta expedición científica partió para obtener datos sobre la edad, tamaño y contenido de los estómagos de los cetáceos en el Océano Austral entre Australia y la Antártida. Ello implicó disparar arpones con una granada explosiva en la punta – un polémico método que resulta en una muerte instantánea solo entre el 50 y el 80 por ciento de las veces-, arrastrar las ballenas agonizantes hasta la cubierta de los buques y descuartizarlas.

A pesar de las reclamaciones de Japón de que cazas como ésta son puramente científicas, el país también permite la venta de la carne de las ballenas en mercados y restaurantes y entre sus planes está restablecer su industria comercial ballenera. Este interés económico – a la par con las imágenes recientes de los buques japoneses matando ballenas en un santuario de ballenas – ha resultado en la condena internacional de las brutales prácticas de caza del país nipón.

“Es una muestra más de la naturaleza verdaderamente horrible e innecesaria de las operaciones balleneras, en especial cuando se ha demostrado que los estudios no letales son suficientes para cubrir las necesidades científicas,” decía Alexia Wellbelove, de la organización sin ánimo de lucro Humane Society International.

En 2014, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el programa ballenero antártico de Japón era ilegal, sin embargo, en lugar de cancelar el programa, el gobierno japonés articuló una nueva artimaña legal para saltarse la decisión del principal órgano judicial de las Naciones Unidas, excluyendo de este reconocimiento “cualquier disputa que surja de o en relación a la investigación, conservación, gestión o explotación de los recursos vivos del mar”. De esta forma, Japón conseguía eludir el fallo de la CIJ sobre los permisos que el país concede a su flota para cazar ballenas bajo el pretexto de investigación científica.

Japón tiene intención de cazar otras 4.000 ballenas en los próximos 12 años.

La caza no se ha visto obstaculizada por segunda vez por ninguna organización ambientalista.

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