Las áreas marinas protegidas actuales designadas para preservar las especies más amenazadas cubren puntos geográficos fijos donde se alimentan, aparean o cuidan de sus crías.
Pero, según los científicos, para evitar que mueran tortugas, tiburones y otros animales fuera de las zonas designadas restringidas a la pesca éstas deberían ser móviles para asegurar que las especies siempre se encuentran protegidas.
A pesar de que el concepto existe desde hace tiempo, solo recientemente se ha conseguido la tecnología para hacer que sea factible una monitorización constante de animales en peligro y desplazar las áreas de conservación en consonancia.
Los dispositivos de rastreo por satélite son los suficientemente pequeños y asequibles como para poder monitorizar de forma precisa la situación, incluída la profundidad, de un gran número de criaturas marinas.
Según los investigadores, los buques comerciales podrían ser advertidos por las autoridades para que no entrasen en ciertas zonas o para que evitasen el uso de cierto tipo de equipos en determinados momentos del año para limitar el riesgo que suponen para las especies en peligro.
Esto sería especialmente útil en las llamadas ‘zonas de convergencia’ en las que corrientes opuestas se encuentran creando vastas extensiones de plancton y que atraen al resto de la cadena alimentaria, haciendo que esas aguas estén especialmente concurridas.
Uno de los ejemplos más claros es la Zona de Convergencia del Pacífico Norte, que se desplaza sobre una franja de 1.000 km de norte a sur de forma estacional, cruzando aguas usadas por los pescadores hawaianos.
Según los investigadores de la reunión anual de la Asociación Americana por el Avance de la Ciencia en Vancouver, la zona también es usada a modo de ‘autopista inter-estatal’ por las tortugas laúd, una especie críticamente amenazada, en sus migraciones.
Larry Crowder, profesor de biología marina en la Universidad de Stanford, decía: ‘La Zona de Convergencia del Pacífico Norte siempre está ahí, pero se mueve.’
‘Normalmente pensamos en las zonas protegidas como en un lugar, y pensamos en ese lugar como algo fijo en un mapa. Pero en el océanos los lugares no se encuentran fijos en un mapa, se mueven.’
Hacer que las zonas de conservación se desplacen también sería de suma importancia de cara a fenómenos oceánicos no anuales como El Niño o los efectos del cambio climático que están provocando que las especies se desplacen de sus hábitats tradicionales, añadía Crowder. Fuente
Ocean Sentry