En respuesta a los ruidos similares a los producidos por los cargueros, las ostras cierran sus valvas, al parecer, para proteger sus cuerpos blandos, según un nuevo estudio publicado el miércoles en PLOS ONE.
Las ostras son organismos filtradores, de manera que el ruido en el agua puede atrofiar el crecimiento y reducir la calidad del agua, sostienen los científicos.
La contaminación acústica marina es un conocido problema para muchos mamíferos marinos que usan el oído para tareas necesarias para la supervivencia como son la navegación y la búsqueda de alimento. Pero poco se sabe de cómo afecta el sonido en invertebrados, que representan el mayor número de animales en el mar.
La contaminación acústica antropogénica tales como las perforaciones submarinas, las exploraciones sísmicas en busca de crudo, clavado de pilotes, turbinas eólicas se propagan por el océano a unos niveles cada vez mayores.
La investigación de Massabuau implica conocer cómo afectan en las ostras los cambios en la luz, la temperatura o la salinidad. La pregunta que surge ahora es, ¿pueden oír?
En el laboratorio, el investigador y su equipo colocaron acelerómetros en 32 ostras para detectar cuando se abrían y cerraban sus valvas. La posición de las valvas está relacionada con su bienestar. Es decir, valvas abiertas indican un estado de relajación, mientras que unas valvas cerradas revelan estrés.
Massabuau sumergió los animales en dos tanques repletos de alimento, corrientes y agua marina de la bahía de Arcachon, Francia. Con un altavoz submarino en uno de los tanques, reprodujo una variedad de sonidos, incluidos de baja frecuencia por debajo de los 200 hercios, que son los producidos típicamente por los cargueros.
Massabuau halló que las ostras cerraban rápidamente sus valvas con frecuencias de sonido de entre 10 y 1000 hercios.
Massabuau compara un cierre reflexivo de las valvas con el intenso encogimiento que hacen los humanos cuando se ven sobresaltados por un sonido desagradable.
“Son conscientes de los cargueros,” dice Massabuau. “Lo que está claro es que pueden oír. Los animales pueden oír estas frecuencias.”
Muchos organismos marinos pueden detectar vibraciones como las producidas por los depredadores. Pero la mayoría de definiciones del oído requieren un órgano capaz de percibir el sonido, dice el biólogo marino Mike Elliot de la Universidad de Hull.
Las ostras no tienen oídos como los humanos pero se han hallado en las branquias células ciliadas parecidas a aquellas en el oído interno humano.
Elliot, que no ha participado en el estudio, ha conducido investigaciones similares a las de Massabuau pero con cangrejos ermitaños y mejillones. Elliot dice que cuando estos animales se estresan y se esconden en sus conchas, dejan de alimentarse y respirar, “y más tarde o más temprano” empiezan a sufrir. Pero Elliot dice que sigue sin saberse con exactitud si la contaminación acústica puede dañar estos organismos a largo plazo.
Massabuau está de acuerdo. Su laboratorio está investigando si la exposición crónica a sonidos artificiales pueden alterar las tasas de crecimiento de las ostras. En un estudio en proceso de publicarse, informa indicios de tasas de crecimiento lentas, lo que revela un precario estado de salud.
Ocean Sentry