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Las olas de calor marinas están devastando la vida marina, y lo peor está aún por llegar

Un nuevo estudio publicado hoy en la revista Nature Climate Change ha hallado que los episodios de olas de calor marinas han aumentado considerablemente en las últimas tres décadas y que cada vez son más obvias las repercusiones mortales de estos aumentos de la temperatura para la biodiversidad marina.

En comparación con las olas de calor en tierra, que se han cobrado decenas de miles de vidas desde comienzo de siglo, las olas de calor marinas apenas han recibido atención científica.

Una ola de calor marina es un periodo de tiempo en el que la temperatura promedio del agua de una región determinada es excepcionalmente alta. En los últimos 30 años la duración (número de días) de una ola de calor marina ha aumentado en más de un 54 por ciento, una tendencia que los autores del estudio hallaron consistente con la mortandad de vida marina.

El estudio incluyó olas de calor conocidas como “The Blob”, una enorme masa de agua caliente frente a la costa occidental de Estados Unidos que hizo aumentar la temperatura de las aguas en 6ºC y que persistió entre 2014 y 2016. “The Blob” fue responsable de mortandades masivas de toda clase de vida marina, desde invertebrados a mamíferos marinos. La ola de calor marina “Ningaloo Niño” en Australia Occidental en 2011 elevó la temperatura media de las aguas entre 2 y 4ºC y duró 2 meses. El evento destruyó un ecosistema entero formado por la especie de hierba marina dominante Amphibolis antarctica en la emblemática bahía Shark, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1991, llevando a muchas especies a escapar de forma permanente hacia aguas más frías.

“Al igual que las olas de calor en tierra pueden provocar incendios que destruyen cosechas, bosques y poblaciones de animales, las olas de calor marinas pueden devastar los ecosistemas marinos,” dice el autor del estudio Daniel Smale, autor principal del estudio de la Asociación de Biología Marina en Plymouth, Gran Bretaña.

Para obtener una imagen global de cómo las olas de calor marinas están alterando la vida en los océanos del mundo, Smale y su equipo de investigadores examinaron 116 estudios científicos de más de 1000 registros ecológicos distintos. Las olas de calor fueron cuantificadas como un periodo superior a cinco días en el que la temperatura del agua es anormalmente alta. Luego usaron datos existentes para cuantificar la cantidad de biodiversidad en una región dada. Particularmente preocupante para los científicos son regiones con una densa biodiversidad que experimentaron calentamiento. Estas regiones corrían especialmente riesgo, con efectos en cascada en ecosistemas cercanos. El estudio señala que el calentamiento de las aguas había azotado particularmente tres regiones: los arrecifes de coral del Caribe, la hierba marina de Australia y los bosques de quelpos frente a la costa de California.

El calentamiento altera las funciones típicas de estos enormes hábitats ecológicos. Por ejemplo, los corales han sido los cabeza de cartel de las olas de calor marinas y se enfrentan a un futuro sombrío. Aun si la humanidad consiguiera limitar el calentamiento global a 1,5ºC, misión imposible según varios científicos, es probable que muera hasta el 90 por ciento de los corales, según informaba el pasado octubre un panel de expertos de las Naciones Unidas.

Especialmente preocupante para Smale es la destrucción de regiones críticas como los lechos de hierba marina y los bosques de quelpo. A diferencia de los bosques terrestres, que almacenan carbono durante unos 60 años antes de liberar gran parte de éste, las praderas marinas pueden secuestrar carbono durante miles de años. Por tanto, la destrucción de estos ecosistemas liberan cantidades colosales de CO2 almacenado a la atmósfera, agravando el calentamiento global. Por ejemplo, durante los tres años siguientes a la ola de calor en Shark Bay se liberaron más de 9 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera – el equivalente a la emisión de CO2 de 800.000 hogares.

Según un estudio reciente, aun si la humanidad consiguiese limitar el calentamiento global “muy por debajo” de los 2ºC, como pide el Acuerdo de París, las olas de calor marinas aumentarán considerablemente en frecuencia, intensidad y duración.

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