La lucha contra el cambio climático ha llevado a varios descubrimientos curiosos.
Investigadores han hallado recientemente que alimentar a las vacas con hierba marina podría reducir el contenido de metano en sus eructos y otros están experimentando con inyecciones de carbono en el suelo para convertirlo en piedra. Ahora los investigadores están poniendo su mira en las heces de las aves. Este nuevo estudio, publicado en la revista Nature Communications, sugiere que las heces de las aves marinas tienen el potencial para mantener fresco el Ártico.
El estudio, conducido por Betty Croft de la Universidad Dalhousie, se basa en cómo el amoníaco procedente de las heces de las aves afecta a la química de la atmósfera del Ártico estimulando así la formación de nubes que pueden mantener fría la región.
Los peces, la dieta principal de aves marinas como charranes, frailecillos, araos comunes y gaviotas, están llenos de nitrógeno. Tras la digestión, las aves marinas excretan enormes cantidades de guano, rico en ácido úrico producido de ese nitrógeno. Los microbios descomponen posteriormente el guano, liberando amoníaco a la atmósfera. Cuando este amoniaco se mezcla con moléculas de ácido sulfúrico y vapor de agua procedentes del océano, se forman partículas en el aire que se abren paso a la atmósfera, contribuyendo a la formación de nubes. Este tipo de nubes bajas pueden reflejar la luz solar al espacio, enfriando el área.
Los investigadores detectaron la conexión amoníaco-guano durante un viaje al Ártico canadiense hace dos años, cuando las muestras de aire recogidas mostraron cantidades elevadas de amoníaco durante los periodos cuando la temperatura estaba por encima de los 0ºC. Al principio pensaron que el amoníaco procedía dle mar pero tras varias pruebas y observando a su alrededor pensaron en las aves migratorias debido a su gran número.
Parece imposible que las aves marinas puedan generar suficientes heces como para crear nubes de verdad. Pero son muchos millones de aves las se congregan en el Ártico cada año, dejando tras de sí una cantidad estimada de unas 33.000 toneladas de amoníaco.
Aunque más guano en el Ártico poco hará para detener el cambio climático, es sensato señalar que en los últimos 50 años los investigadores estiman que las poblaciones de aves marinas han descendido un casi un 70 por ciento en todo el mundo.
Aunque es necesario realizar más estudios para confirmar este hallazgo, el resultado demuestra una vez más las increíbles complejidades de la biosfera.
Ocean Sentry