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Comet in the Bay of Fundy. Credit: Moira Brown, Anderson Cabot Center-New England Aquarium

Hallados los cuerpos sin vida de otras dos ballenas francas del Atlántico Norte

A pocos días de haberse registrado la muerte de “Wolverine”, hallado el 4 de junio, y de “Punctuation” el 20 de junio, los cuerpos sin vida de “Comet” y de la joven hembra “#3815” hallados esta semana elevan ya a 4 el número de muertes este año para esta especie en peligro de extinción, con sólo unos 410 individuos en todo el mundo.

“Comet”, llamado así por una larga cicatriz en su costado derecho, fue vista por primera vez en abril de 1985 en la bahía de Cabo Cod y desde entonces solía verse casi cada año en todos los hábitats importantes de la especie. En 2017, Comet fue fotografiado en el golfo de San Lorenzo por primera vez. Regresó en 2018 y los avistamientos más recientes este año tuvieron lugar el 5 y 7 de junio durante un sondeo aéreo.

Durante los 33 años que fue monitorizado, Comet solía estar en grupos activos con otras ballenas y los análisis de paternidad confirman que fue padre de una hembra, #2042. El nacimiento en 2013 de la primera cría de #2042 convirtió a Comet en abuelo. Las cicatrices en su pedúnculo y cola revelan que había sufrido tres enredos a lo largo de su vida.

La cuarta ballena hallada muerta ha sido identificada como #3815, una joven hembra de 11 de años hija de “Harmony” que todavía no había tenido oportunidad de reproducirse. Solía verse cada año, la mayoría de veces en la bahía de Cabo Cod y, al igual que Comet, fue fotografiada por primera vez en 2017 en el golfo de San Lorenzo. Al igual que Comet también, regresó al golfo en 2018 y el avistamiento más reciente este año se produjo también el 5 y 7 de junio. Había sufrido enredos en cuatro ocasiones separadas. El más aparatoso lo sufrió en 2017 y le produjo marcas importantes alrededor del pedúnculo.

Estas cuatro muertes registradas en tan solo tres semanas reabre el temor entre los científicos tras el fatídico 2017, con 17 muertes. Los científicos contienen la respiración porque los mamíferos justo están empezando a congregarse en el golfo de San Lorenzo y desplazándose hacia las transitadas aguas del noreste de Estados Unidos.

Es importante recordar que la mortalidad de ballenas francas del Atlántico Norte ha sido atribuida a causas humanas, principalmente colisiones con barcos y enredos en artes de pesca. Un estudio reciente reveló que entre 2003 y 2018, las muertes para casi el 90 por ciento de las ballenas examinadas se debieron a la actividad humana.

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