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Four North Atlantic right whales engage in a social active group in an undated photo. Credit: Peter Duley, NEFSC/NOAA

Futuro cada vez más desolador para las 400 ballenas francas del Atlántico Norte que quedan en el mundo

Solo quedan unos 400 individuos. Más allá de exigir regulaciones más estrictas para impedir más muertes por la actividad humana  – colisiones con barcos, artes de pesca y cambio climático -, grupos ambientalistas piden prohibiciones de la actividad sísmica que, según cita la organización Oceana, es una amenaza emergente para la especie.

También piden una mayor transparencia de la ubicación de los barcos pesqueros y mercantes de más 10 metros de eslora en aguas usadas habitualmente por la especie.

La organización dice que estos barcos deberían transmitir su localización, dirección y velocidad usando el Sistema de Identificación Automática (AIS) en las zonas económicas de Estados Unidos y Canadá.

“Si no actuamos rápidamente podríamos ser testigos, por primera vez en siglos, de la extinción de una especie de grandes ballenas en el océano Atlántico,” dice Jacqueline Savitz, de la organización Oceana.

Su movimiento lento y su tendencia a aproximarse a la costa, así como su flotabilidad una vez muertas, llevó a los balleneros a llamarlas la ballena “ideal” (right) para cazarla. Fue en 1935, cuando solo quedaban vivas unas 100, cuando la Sociedad de las Naciones (el antecedente de la Organización de las Naciones Unidas) prohibió su caza. Su población se fue recuperando de forma gradual hasta alcanzar los casi 500 individuos en 2010. Pero en el transcurso de esta década la especie ha sufrido un desplome de la natalidad (0 crías nacidas en 2018 y solo 7 este año) y una elevada mortalidad resultado de la actividad humana.

Cada año la especie migra desde sus lugares de reproducción frente a la costa de Georgia y Florida en invierno hasta sus áreas de alimento frente la costa de Nueva Inglaterra (Estados Unidos) y Canadá. Los científicos no descartan que el calentamiento de las aguas de Nueva Inglaterra debido al cambio climático esté obligando a estos mamíferos a desplazarse más hacia el norte para encontrar copépodos suficientes, un pequeño crustáceo del que se alimenta y que se habría desplazado buscando aguas más frías.

“Son mamíferos muy selectivos con lo que comen y necesitan esta fuente de alimento en enormes cantidades,” dice. “Actualmente están nadando 750 millas más lejos de lo normal para encontrar su alimento, quedando expuestos a nuevas pesquerías y a más tráfico marítimo en lugares donde nunca se ha hallado en tal abundancia,” dice Whitney Webber, directora de campañas de Oceana.

El senador republicano de Georgia, Johnny Isakson, introdujo esta semana la ley SAVE The Right Whale Act para crear un programa de subvención que promueva la colaboración entre estados, organizaciones no gubernamentales y miembros de la industria pesquera y naviera.

“La ballena franca del Atlántico Norte fue nombrada mamífero marino del estado de Georgia cuando fui líder de la minoría en la cámara de representantes de Georgia y me siento orgulloso de que la costa de mi estado sea uno de los pocos lugares de cría para este magnífico animal,” decía en una declaración.

Según informa Oceana, unas 100 ballenas sufren cada año enredos en las artes de pesca estadounidenses y canadienses y cerca del 83 por ciento de la población ha sufrido enredos al menos una vez en su vida. Gran parte de las artes de pesca más problemáticas, como las trampas para langosta y cangrejo de las nieves, se concentran en aguas septentrionales.

El gobierno canadiense intentó abordar el problema de las colisiones con barcos y los enredos con las artes de pesca tras la muerte de una docena de ballenas en el Golfo de San Lorenzo en 2017.

Oceana pide a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá que reduzcan la cantidad de líneas verticales usadas en la pesca, modifiquen las artes de pesca y monitoricen la actividad pesquera. También pide más restricciones en la velocidad de los barcos, incluidas restricciones a corto plazo cuando se detectan ballenas en un área. Estas restricciones ya están en vigor en los Estados Unidos.

Webber dice que es necesario un esfuerzo conjunto a lo largo de todo su rango de distribución entre Canadá y Florida si queremos evitar su extinción. 

Entre las organizaciones sin ánimo de lucro trabajando en los Estados Unidos para proteger a la especie se encuentran:

International Fund for Animal Welfare

Whale and Dolphin Conservation

The Humane Society of the United States

Center for Biological Diversity

Defenders of Wildlife

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