Home / Noticias / Mamíferos Marinos / Espectáculos ambulantes en Indonesia, donde los delfines hacen acrobacias en aras de la educación

Espectáculos ambulantes en Indonesia, donde los delfines hacen acrobacias en aras de la educación

Más de 90 delfines en Indonesia son mantenidos cautivos y adiestrados para realizar espectáculos como parte de los supuestos esfuerzos de conservación del país. 

Su futuro es incierto, ya que el gobierno sigue experimentando con programas de reproducción para aumentar la población de delfines en sus aguas.

Brama y Kumbara nadan aferrados el uno al otro en su pequeño hogar, una mugrienta piscina de plástico llena de agua clorada. Los dos delfines mulares parecen inquietos antes del espectáculo en el que son las máximas figuras y que implica realizar los mismos movimientos que han hecho miles de veces. 

Son dos de los últimos delfines que quedan en el mundo que siguen haciendo espectáculos ambulantes – un popular aunque polémico negocio en Indonesia. 

Para los defensores de los animales, la práctica es una de las peores formas de crueldad y explotación. Se cree que años de confinamiento y privación de alimento constantes y el fuerte ruido durante los espectáculos han hecho mella en su salud física y mental, provocándoles estrés, agresión y muerte prematura. 

Cada vez que se traslada la caravana del circo, los delfines son puestos sobre un catre y metidos en un contenedor durante 10 y 20 horas. La mayoría son transportados de ciudad en ciudad en la parte posterior de un camión, donde están encerrados en jaulas similares otros animales usados en espectáculos, como osos malayos, nutrias y cacatúas. 

“El personal pone mantequilla o vaselina en la piel de los delfines para mantenerla húmeda porque es un transporte en seco,” dice Femke Den Haas, fundador de la Jakarta Animal Aid Network (JAAN), que lleva trabajando en defensa de la fauna silvestre desde hace más de 20 años.

Desde 2009, su organización ha encabezado una campaña contra los espectáculos con animales, recopilando datos sobre el uso de delfines para espectáculos. JAAN condena enérgicamente los espectáculos ambulantes con delfines y pide la rehabilitación de los animales y su regreso a su estado silvestre. 

“Los delfines son animales muy inteligentes y sociales con complejos sistemas acústicos. Usan su sonar para navegar por el océano, pero cuando se ven atrapados en una pequeña piscina, su sonido les rebota constantemente. Enloquecen. Es como si nosotros viviéramos en una habitación llena de espejos y todo lo que pudiéramos ver fuese a nosotros mismos todo el tiempo. Acabaríamos volviéndonos locos. 

“Lo que les está ocurriendo a estos delfines en Indonesia es extremadamente cruel,” dice. 

Sin embargo, para el gobierno no lo es. Los espectáculos ambulantes con delfines se consideran una herramienta de conservación efectiva que educa a la gente sobre los animales amenazados a través del entretenimiento. Mientras sus necesidades sanitarias estén cubiertas, el espectáculo puede continuar. 

“Los espectáculos ambulantes con delfines existen para ayudar a concienciar a la gente para salvarlos de la extinción. Los animales se enfrentan a muchos problemas en estado silvestre. Los pescadores han matado y capturado a muchos. Por tanto tenemos que salvarlos y rescatarlos.” 

Son las palabras de Bambang Dahono Adji, director de la Dirección de Conservación de la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura. Su unidad es responsable de emitir los permisos de conservación que permiten al sector privado tener delfines salvajes fuera de su hábitat natural con fines de conservación. También reconoce la legalidad de estos espectáculos ambulantes con fauna silvestre. 

“La comprensión de la gente sobre estos animales es mínima, pero si ven un espectáculo piensan ¡Oh! ¡Los delfines son así ¡Oh! ¡No pueden matarlos! ¡Han de protegerse! Y por eso lo permito, porque forma parte de los esfuerzos para concienciar a la gente,” dice. 

“Puro entretenimiento con fines de lucro” 

A una hora en coche desde la capital de Jakarta, se levanta una carpa de circo en un campo de fútbol en Bekasi. Las señales en su toldo lleno de polvo dice que la caravana pertenece a PT Wersut Seguni Indonesia (WSI), una compañía privada que opera la mayoría de espectáculos ambulantes con delfines del país. 

Dentro, Brama y Kumbara nadan en círculos en su piscina de plástico. El recinto es diminuto en comparación a su hogar natural en el mar de Java. 

“Los delfines no son peces sino mamíferos marinos que respiran con pulmones,” explica la voz de un hombre en idioma local, alternando con música a todo volumen desde los altavoces. “Viven en el mar y tienen aletas caudales que los diferencia de los peces”.

El gobierno considera educativa esta breve introducción y ayuda a justificar la existencia del espectáculo. Pero para los activistas este dato no es más que una excusa para mantener el negocio en medio de las críticas. 

“Los delfines son sacados de su hábitat, donde pueden llegar a nadar 100 kilómetros al día a una velocidad de 40 kilómetros por hora. Y aquí están, dentro de esta pequeña piscina, nadando en círculos y haciendo acrobacias a cambio de pescado que no se parece ni remotamente a su alimento natural,” dice Den Haas. 

“Todo lo que hacen estos delfines va en contra de su comportamiento natural. No hay nada de educativo. Es un espectáculo, puro entretenimiento con fines lucrativos.” 

La sonrisa del delfín – “El mayor engaño de la naturaleza” 

En Bekasi, el espectáculo se abre con la actuación de una cacatúa, seguida por la de dos nutrias y una cría de oso malayo. Oleadas de risas llenan la carpa mientras los animales realizan unas piruetas desconocidas en libertad. Las nutrias cautivan a la multitud con un juego de baloncesto. Y como un acróbata, una de ellas hace equilibrios sobre un barril antes de que el oso malayo muestre sus destrezas subido en una bicicleta. 

Cuando acaba su espectáculo, les toca el turno a Brama y Kumbara. La pareja sigue cada orden con ansia, velocidad y perfección. Meses de adiestramiento les han enseñado a saltar a través de aros, a abrazarse el uno al otro, a saludar, cantar, bailar e incluso a jugar a fútbol con sus aletas caudales. Cada maniobra es recompensada con trozos de pescado, una pequeña cantidad cada vez. 

Para mucha gente, lo que ahí ve es inteligencia en acción, pero para los expertos en delfines es hambruna y desesperación. 

“Todo lo que hace un delfín en cautividad es por comida. Si vas a un espectáculo ambulante con delfines y sabes donde hay que mirar, verás privación de alimento” dice Richard O’Barry, conocido por su papel en la captura y adiestramiento de delfines para la popular serie de televisión Flipper. 

“Si miras a los ojos de un delfín – no a la sonrisa en su rostro – verás que no está mirando al adiestrador sino a la comida que hay en sus manos y al cubo de pescado. Solo quieren que les den de comer, por lo que se ven obligados a realizar todas estas estúpidas acrobacias.” 

O’Barry pasó unos diez años de su vida capturando y adiestrando a delfines. Pero desde 1970 ha estado haciendo campaña exactamente por todo lo contrario. Su organización Dolphin Project lucha por liberar delfines cautivos en todo el mundo tras la muerte de uno de los delfines de Flipper, Kathy. 

O’Barry ha estado varias veces en espectáculos ambulantes con delfines en Indonesia. Mientras la audiencia reía y aplaudía, pensando que los animales estaban pasando un buen rato, el que fuera adiestrador de delfines vio algo más. 

“Pude leer su lenguaje corporal y el sufrimiento detrás de sus sonrisas. Su sonrisa es el mayor engaño de la naturaleza. Crea la ilusión óptica de que siempre están contentos cuando en realidad están sufriendo.” 

Explotación encubierta 

Se cree que Indonesia es el único país del mundo que sigue usando delfines en espectáculos ambulantes. De las cuatro caravanas de circo, tres son operadas por WSI y otra por Pembangunan Jaya Ancol (PJA). 

Ambas compañías son organismos de conservación con licencia y a la vez propietarias de enormes parques de atracciones, donde los delfines cautivos son adiestrados para que realicen acrobacias y naden con los visitantes. Entre éstas se incluyen The Sea Pantai Cahaya del WSI en Kendal, Java Central, y el Taman Impian Jaya Ancol o Ancol Dreamland de PJA en el norte de Jakarta Septentrional. 

Según el Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura, 92 delfines están cautivos en atracciones turísticas, hoteles y complejos hoteleros de todo el país. Según datos oficiales, al menos 70 fueron capturados de su estado silvestre por los pescadores. Se cree que el resto ha sido criado en cautividad por varios organismos de conservación, que también usan delfines para el turismo. 

En base a la normativa de Indonesia, es ilegal “capturar, herir, matar, conservar, poseer, cuidar, transportar y comercializar un animal protegido vivo.” También es ilegal transferir cualquier animal protegido de un lugar a otro dentro o fuera del país.” 

Sin embargo, hay una excepción. Los actos mencionados arriba pueden realizarse legalmente si es con fines de investigación, científicos o la salvaguarda de animales protegidos. La normativa también requiere que la protección la lleve a cabo una institución designada en forma de cuidado humano o reproducción en cautividad. Aquí es donde entra la polémica. 

El comercio de delfines de Indonesia 

No está claro cómo los 70 delfines capturados acabaron en atracciones turísticas, aunque el gobierno las considera agencias de conservación, con autoridad y experiencia para cuidar delfines rescatados. 

Sin embargo, hay quienes dicen que varios de los pescadores que capturaron los delfines lo hicieron con fines económicos. 

“En 2009, el Pantai Cahaya anunció que quería comprar delfines vivos,” dice un pescador de Batang. 

En ese momento, él era uno de los tripulantes a bordo de un pesquero que capturó al menos cuatro para la instalación. 

“El capitán nos dijo que no los arrojáramos porque tenían un precio. El personal de Pantai Cahaya los compraría vivos. Así que los cubrimos con trapos mojados.” 

Según el pescador, los animales estuvieron en el barco durante diez horas antes de llegar al puerto de Kenda, donde aguardaban empleados del WSI con un camión con tracción a las seis ruedas.  

“Todos los pescadores que capturaron delfines en 2009 los vendieron a Pantai Cahaya. Costaron unos 400 dólares americanos. Uno grande podía llegar a costar más de 500. Pero solo los comprarían si eran delfines mulares.  

Turismo de delfines 

La conservación de delfines sigue siendo una zona de penumbra en Indonesia. Durante su rehabilitación y programas de reproducción, muchos delfines o bien tienen que realizar acrobacias, nadar con delfines o pasar meses en el circo. 

Esto ha suscitado numerosas dudas sobre el motivo subyacente tras el cautiverio – si es conservación de una especie protegida o si es lucro. 

Para un espectáculo ambulante como el de Bekasi, los visitantes pagan 3 dólares americanos por una entrada estándar o 4,5 para estar en la fila VIP en la piscina. Muchos pagarán 3 dólares más por fotografiarse con los delfines. Esto significa que un circo puede llegar a ganar más de 4.000 dólares al mes por unos 4-6 espectáculos al día si vende 10 entradas estándar cada ronda. 

Los precios suben en atracciones grandes como la Ancol Dreamland, donde una entrada para ver un espectáculo con delfines cuesta 12 dólares por persona. 

Mientras el turismo con delfines sigue creciendo, el uso de los animales para entretenimiento ha propiciado la construcción de hoteles y complejos hoteleros. Los turistas que visitan el Wake Bali Dolphins pagan 110 dólares por nadar 45 minutos con los mamíferos en una piscina clorada y 89 para verlos realizar acrobacias. También pueden unirse a la terapia con delfines – un tratamiento que el complejo hotelero afirma ayuda a los niños con síndrome de Down, autismo y desorden mental a desarrollar la autoconfianza y las destrezas sociales y escolares. 

Esperando la libertad 

A pesar de conocer las condiciones de los animales, el Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura sostiene que cada organismo de conservación y atracción reúne los estándares oficiales. Según Adji, se llevan a cabo evaluaciones de manera regular para asegurar que las instalaciones no resultan perjudiciales para ellos.

“Los datos los presentan los adiestradores de delfines y refleja la condición favorable de las instalaciones. La atmósfera es atenta y pacífica.” 

Además de los espectáculos, Adji dice que entre los esfuerzos de conservación de delfines también se incluye un programa de reproducción, que espera aumente en un 10 por ciento la población de delfines cautivos en el país en cinco años. 

Sin embargo, los activistas por los derechos de los animales cuestionan la efectividad y transparencia de este programa, citando la falta de evidencia científica que demuestre que los delfines han nacido en cautividad. Existe preocupación por la posibilidad de que se esté blanqueando fauna silvestre a través de centros de reproducción, ya que ninguno de los delfines cautivos tienen microchip. 

“Es muy difícil hacer un seguimiento de su procedencia o de cuándo llegaron a los centros de conservación. Y para los propietarios de espectáculos es muy fácil especular con estos datos y mentir a las autoridades,” dice Den Haas.

Con fines de monitoreo, su organización ha ofrecido microchips al Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura. “Hasta la fecha, todavía no los han usado.” 

Entretanto, el centro de rehabilitación de delfines en Karimun Jawa sigue vacío. Su construcción, que finalizó en 2011, fue a petición del Ministerio de Medio Ambiente y Silvicultura, con apoyo del Dolphin Project de O’Barry. El centro es la primera instalación permanente del mundo diseñada para rehabilitar y liberar delfines cautivos al mar.

“En el último minuto, cuando se suponía que íbamos a rescatar a los delfines, sentimos que perdíamos todo el apoyo. Lamentablemente, alguien impidió que ocurriera,” dice O’Barry.

Seis años después, el centro de rehabilitación sigue esperando pacientes. Aunque su llegada tiene todavía que decidirse, los fundadores tienen esperanzas de que Indonesia dejará que los delfines vuelvan a su hogar. 

Mientras la espera se prolonga, el turismo de delfines sigue creciendo. 

En Bekasi, Brama y Kumbara casi han acabado su primer espectáculo del día. Tras la señal, los delfines se escurren de su pequeño contenedor hasta una plataforma. Mantienen sus cabezas y colas erguidas mientras la gente posa para hacerse fotos con ellos.

Todavía quedan cinco espectáculos más por delante y más gente a la que complacer antes de que cierre la carpa.

Pero como siempre, Brama y Kumbara llevan puesta la feliz sonrisa del delfín. 

Fuente

Check Also

El cambio climático está contribuyendo a las muertes de ballena franca del Atlántico Norte

El aumento de las temperaturas del mar debido al cambio climático está suponiendo otro duro …