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El ruido de los barcos altera la capacidad de alimentarse de las yubartas

Una de las mayores amenazas para las yubartas que pasan el verano en Nueva Inglaterra es la colisión con barcos. Sin embargo, no es solo a los barcos a los que tienen que temer. Un estudio publicado el miércoles ha hallado que el ruido de baja frecuencia de los cargueros que transitan cerca de la costa noreste de los Estados Unidos podría estar alterando su capacidad de alimentarse. 

Un equipo de investigadores, que examinó el comportamiento natural de buscar alimento en 10 ballenas en el Golfo de Maine, halló que ante la presencia de barcos algunos de estos cetáceos de 40 toneladas descendían más lentamente al fondo marino, teniendo menos tiempo para encontrar alimento. En una técnica de alimentación, las ballenas se sumergen hasta el fondo marino, giran sobre sus lados (side-rolls), inclinando la cabeza hacia abajo para alimentarse de lanzón, que se haya en la superficie del suelo marino. 

“En general, me sorprendió que pudiéramos detectar estadísticamente alguna respuesta ya que estas ballenas se adaptan muy bien,” decía Hannah Blair, estudiante graduada en la Universidad Stony Brook de Nueva York, que condujo el análisis de los datos. 

Las ballenas, los delfines y otra vida marina dependen fuertemente del sonido para comunicarse entre ellos y buscar alimento. Un creciente conjunto de pruebas en las últimas décadas sugiere que el ruido provocado por los humanos, incluido el ruido de los barcos, está haciendo estragos en la vida marina: enmascara el sonido producido por las presas y altera el comportamiento de éstas. 

El estudio ofrece la primera prueba de que el ruido podría estar dañando el comportamiento natural de buscar alimento de las yubartas. 

“Probablemente lo hayan estado soportando durante décadas,” dice David Wiley, coautor del estudio y coordinador de investigación de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) en el Santuario Marino Nacional Stellwagen Bank. 

Usando marcas acústicas con micrófonos submarinos y múltiples sensores, los investigadores estudiaron las inmersiones de 10 ballenas dentro y fuera de Stellwagen Bank desde 2006 a 2009. Recogieron los datos de 218 inversiones y hallaron que la presencia del ruido reducía en un 29 por ciento el número de “side-rolls” por inmersión, la tasa de descenso en un 14,5 y la de ascenso en un 12,8. 

Varios investigadores, que no han participaron en el estudio, han elogiado los resultados y han dicho que aporta la prueba del impacto nocivo de los barcos en las ballenas. Uno dijo que tiene sentido, considerando que lo mismo le ocurre a un humano. 

“Si te sientas a cenar y alguien sopla una tuba en tu oído, puede que te acabes levantando y marchando. Lo mismo ocurre con las ballenas y los barcos,” dice G.M. “Hans” Thewissen, profesor de anatomía en la Universidad Médica de Northeast Ohio. 

Dice que el estudio revela estadísticamente como las ballenas se ven alteradas por el ruido. “La siguiente pregunta crítica es saber en qué grado afecta en la alimentación de las ballenas”. 

Los investigadores reconocen que es muy pronto para señalar qué impactos tendrá en las ballenas. Señalan que es necesario seguir investigando para determinar el grado de afectación del ruido en las ballenas de edades distintas y en momentos distintos del día y cómo éstas pueden estar compensándolo. 

Advierten que “dejar de alimentarse de forma crónica” podría provocar un deterioro de su estado físico. 

“El siguiente paso es determinar si repercute en su supervivencia o si son capaces de adaptarse,” dice Blair.

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