El destino de uno de los animales más grandes del mundo depende del animal más pequeño. Los científicos están estudiando un cambio hacia el norte de la ballena del Atlántico Norte y de su presa, del tamaño de una partícula, que podría llevar a una de las ballenas más amenazadas del planeta aun más borde de la extinción.
Su principal alimento, el Calanus finmarchicus, llamado comúnmente copépodos, un tipo de zooplancton diminuto, está apareciendo en concentraciones más altas en el golfo de San Lorenzo que en áreas frecuentadas tradicionalmente por estas ballenas amenazadas de extinción, tales como el golfo de Maine o la bahía de Fundy, en el extremo norte del golfo de Maine.
Este desplazamiento ha llevado a las ballenas a aguas donde abunda el tráfico marítimo y las artes de pesca, con mortales consecuencias para la especie ya amenazada.
Desde principios de junio se ha confirmado la muerte de hasta once ballenas, de las 500 que quedan, frente a las costas de Canadá y Estados Unidos.
“El golfo de Maine es cada vez más cálido y se está calentando más deprisa que ningún otro lugar del mundo,” dice Stéphane Plourde, investigador del Departamento de Pesca y Océanos de Canadá.
“El Calanus prefiere otras condiciones”, dice.
La ballena del Atlántico Norte de 60 toneladas se alimenta de una presa que normalmente no mide más de un milímetro de largo. Estos diminutos crustáceos flotan en el agua en miles de millones.
Las ballena nada a través de enormes enjambres de copépodos, engullendo la mayor cantidad de agua posible – un trago gigantesco que después expulsa a través de las barbas para filtrar los copépodos.
Aunque éstos se hallan en todo el Atlántico Norte, las ballenas necesitan densas columnas de copépodos para obtener energía de cada inmersión que hacen para alimentarse. Y parece que este verano esta necesidad ha llevado a las ballenas al golfo de San Lorenzo.
Uno de los modelos de Plourde revela un mapa de calor superpuesto en un gráfico del Canadá atlántico: el golfo de San Lorenzo emite un rojo brillante, lo que indica elevadas densidades de copépodos. Los colores cambian a naranja y luego a azul a medida que va avanzando hacia el sur, revelando que la población de este crustáceo en esas áreas está disminuyendo.
“No sabemos qué consecuencias tendrá para la calidad del hábitat de la ballena con estas fluctuaciones,” dice.
“Sin duda, sugiere que la comunidad de zooplancton cambiará. Ya está cambiando.”
La investigación de Plourde ha hallado que la abundancia general de copépodos está disminuyendo – un obstáculo más en la recuperación de la diezmada especie.
“Ahora mismo el golfo de Maine es una especie de límite sur de su territorio,” dice Erin Meyer-Gutbrod, de la Universidad de California, en Santa Barbara.
“Prefieren aguas frías. Por tanto, a medida que se vayan calentando las aguas, y los copépodos quieran permanecer en las mismas aguas más frías a las que están acostumbrados, se prevé que se desplacen hacia el norte y abandonen las aguas del golfo de Maine.”
Durante años Meyer-Gutbrod ha estudiado cómo responderán los copépodos a las temperaturas cambiantes y cómo afectará esto a la población de ballenas del Atlántico Norte.
“Hallamos que cuando hay un periodo de años en que disminuye la abundancia y disponibilidad de la presa, la ballena del Atlántico Norte se reproduce más lentamente,” dice.
“Idealmente, tendrían que alumbrar cada tres años: las hembras están preñadas durante un año, amamantan a sus crías durante un año y descansan y vuelven a ganar grasa durante otro año. En ese momento pueden quedar preñadas de nuevo.”
El Ministro de Pesca y Océanos Dominic LeBlanc ha dicho que el gobierno tomará todas las medidas posibles para evitar más muertes.
Sin embargo, aunque puede que estén por llegar grandes cambios, son los pequeños cambios en la temperatura del océano los que finalmente demostrarían ser la mayor amenaza.
Ocean Sentry