Japón y Estados Unidos siguen con sus planes para construir una nueva base aérea en la bahía de Henoko en Japón, amenazando con destruir el último refugio del dugongo de Okinawa en peligro crítico de extinción. La construcción pavimentaría un área de la bahía equivalente a 80 campos de fútbol.
Y no solo son los dugongos los que corren peligro. Los arrecifes de coral de la isla de Okinawa, llamada una vez “las Galápagos del este”, sustentan todo un mundo de criaturas poco comunes, fascinantes y poco conocidas y trágicamente más de la mitad de estos arrecifes ya han desaparecido debido al calentamiento global y la contaminación.
El 80 por ciento de la gente de Okinawa, incluido su gobernador, se opone a esta base. Este gentil mamífero marino es profundamente querido por la gente de Okinawa como símbolo de todo aquello que distingue esta isla del resto de Japón.
Organizaciones americanas, japonesas e internacionales se han pronunciado en contr, presentando una demanda contra el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para detener la construcción de la base. Y tanto la Comisión de Mamíferos Marinos de Estados Unidos como la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) han confirmado que la base será una sentencia de muerte para los dugongos, un pariente lejano del manatí, que depende de la hierba marina en estas aguas protegidas como uno de sus últimos lugares de alimentación.
La construcción de la instalación también agotará los suministros esenciales de agua dulce, aumentará la población humana en áreas sensibles y estimulará el desarrollo destructivo.
Los expertos creen que esta base podría ser la gota que colma el vaso para el dugongo de Okinawa. En las vibrantes aguas color turquesa de la bahía de Henoko de Japón, las manadas de dugongos pastaron una vez tranquílamente en las enormes praderas de hierba marina. En 1997, se estimó que quedaban solo 50. Probablemente ahora haya muchos menos tras décadas de activas operaciones militares estadounidenses en la región, y las nuevas autopistas destruirían uno de sus últimos refugios.
La organización Center for Biological Diversity ha usado innovadoras tácticas jurídicas para garantizar nuevas protecciones para el dugongo.
La administracioń Trump puede creer que la creciente preocupacioń por el programa de misiles de Corea del Norte puede justificarlo todo, incluido pavimentar encima de arrecifes de coral para construir su base.
Pero hay alternativas que no profanarían el hábitat del dugongo ni la bahía de Henoko. El senador John McCain (R-Ariz) y otros senadores estadounidenses, por ejemplo, han propuesto reubicarla en la base militar estadounidense Kadena Air, una instalación existente de la fuerza aérea.
Para mucha gente de Okinawa, la decisión del ejército de los Estados Unidos de ignorar tales alternativas y destruir este santuario crucial para el dugongo supone un insulto para su cultura.
El Departamento de Defensa tiene que detener este proyecto profundamente destructivo.
Aun queda algo de tiempo para salvar al dugongo.
Ocean Sentry