Existe la preocupación generalizada de que el deshielo del permafrost debido al cambio climático libere a la atmósfera enormes cantidades de metano, agravando los efectos del calentamiento global.
El deshielo del permafrost en las regiones árticas puede contribuir al efecto de gas invernadero de dos maneras. Por una parte, el aumento de las temperaturas contribuye a una mayor producción de metano microbiano cerca de la superficie – los microbios devoran materiales orgánicos produciendo gases de efecto invernadero. Por otra, el calentamiento global puede estar liberando una nueva fuente de metano (geológico) procedente de las capas de crudo y gas que llevan enterrados millones de año bajo el permafrost ártico. Con el deshielo del permafrost, parte de este gas parece que está encontrando vías para salir a la superficie.
Es lo que ha revelado un estudio realizado en el delta del río Mackenzie en el ártico canadiense conducido por científicos del Centro Alemán de Investigación en Geociencias GFZ, el Instituto Alfred Wegener, el Centro Helmholtz para la Investigación Polar y Marina (AWI) y colaboradores estadounidenses.
El estudio ha sido publicado en la revista Scientific Reports.
El permafrost ártico actúa como una gigante capa de material congelado que yace sobre recursos minerales y combustibles fósiles. Los científicos saben que su deshielo podría provocar el aumento de las emisiones de gas metano, un gas de efecto invernadero 28 veces más potente que el dióxido de carbono.
“Queríamos averiguar cuánto metano se libera en la región y para ello buscamos pautas espaciales en las emisiones del gas,” dice la autora principal Katrin Kohnert de la sección de Teleobservación del GFZ.
El equipo de investigación liderado por el científico del GFZ Torsten Sachs realizó un estudio en una área de 10.000 kilómetros cuadrados en el norte de Canadá. Usando el avión de investigación Polar 5 del AWI, los científicos realizaron mediciones aéreas de las concentraciones de gas en el aire durante dos expediciones en el verano de 2012 y el verano de 2013.
El resultado fue un mapa de flujo de metano de alta resolución del delta Mackenzie.
“Hallamos importantes emisiones únicamente allí donde el permafrost era discontinuo – partes donde el permafrost contiene áreas que se han fundido de forma permanente,” dice Kohnert. “Creo que el metano procede principalmente de fuentes geológicas más profundas y no de la reciente actividad microbiana cerca de la superficie.”
Aunque solo ocurren en un 1 por ciento del área aproximadamente, estos epicentros contribuyen al 17 por ciento de la emisión estimada de metano anual en el área de estudio.
“Es otra fuente de metano que no se había incluido en los modelos,” dice Kohnert. “Si el permafrost se hace discontinuo en otras regiones, más áreas contribuirán al metano geológico. Por tanto, debería prestarse una mayor atención a las áreas de permafrost vulnerables al deshielo,” añade Kohnert.”
La conclusión de los autores: El cambio climático desencadena no solo la producción natural de metano microbiano, sino que también puede llevar a importantes emisiones de gas geológico, contribuyendo de forma importante a la retroalimentación permafrost-carbono-clima.
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