Un nuevo estudio conducido por la Universidad de Colorado en Boulder, que ha comparado la sedimentación de carbono negro en el hielo y la nieve en ecosistemas de todo el mundo (incluida la Antártida, el Ártico y las regiones alpinas del Himalaya, las montañas rocosas, los Andes y los Alpes), revela que, aunque las concentraciones varían ampliamente, cantidades significantes pueden persistir tanto en áreas de nieve prístinas como no prístinas.
El carbono negro, parecido al hollín, es el subproducto de incendios y quema de combustibles fósiles que pueden recorrer largas distancias a través de la atmósfera. Dado que estas partículas negras absorben más calor que la nieve blanca, el estudio de las concentraciones de carbono negro en glaciares es importante para predecir las futuras tasas de deshielo.
Los científicos hasta ahora habían estudiado el carbono negro en áreas con fuentes cercanas (como una mina de carbón en Svalbard, Noruega), pero poco se sabe de sus complejas interacciones en áreas cubiertas de nieve alejadas del impacto humano.
Aunque las fuentes exactas de carbono negro a menudo son difíciles de determinar en áreas remotas, los investigadores usaron análisis molecular de carbono negro junto con análisis de patrones del viento para demostrar que la capa de hielo de Groenlandia ha revelado recientemente claros efectos de incendios que arden a miles de millas en el Ártico canadiense.
Se prevé que los incendios aumentarán en los próximos años, una tendencia que podría agravar los efectos de estaciones de deshielo en verano más largas, permitiendo la sedimentación de más carbono negro.
El alcance global del estudio podría ayudar a los investigadores a fijar límites máximos y mínimos para la sedimentación de carbono negro y tener mejor en cuenta los efectos de la fotodegradación, un proceso por el cual la luz solar altera la composición molecular a lo largo del tiempo.
La cantidad relativamente alta de carbono negro medido en un glaciar en Groenlandia también puede sugerir que las partículas pueden ser transportadas localmente por la superficie del hielo a través de procesos de deshielo.
Los resultados han sido publicados en la revista Geophysical Research Letters.
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