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Credits: Liam Quinn/Wikipedia

El calentamiento en la Antártida podría obligar a casi un millón de pingüinos rey a buscar otro hogar, o morir

Es probable que las poblaciones de pingüino rey (Aptenodytes patagonicus) – el segundo pingüino más grande después del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) – caigan en picado con el aumento de las temperaturas del agua que rodean la Antártida.

“El principal problema es que solo hay un puñado de islas en el Océano Austral y no todas son adecuadas para mantener grandes colonias reproductoras”, dice el autor principal del estudio Robin Cristofari, del Instituto pluridisciplinario Hubert Curien y del Centro Científico de Mónaco (CSM).

El pingüino rey es de hecho un animal maniático: para formar una colonia donde pueda aparearse, poner sus huevos y criar a sus pollos durante un año, necesita temperaturas tolerables todo el año, sin hielo marino de invierno en la isla y playas suaves de arena o cantos rodados. Pero, por encima de todo, necesita una fuente abundante y fiable de alimento cerca para poder alimentar a sus crías. El pingüino rey se alimenta de pequeños peces, linternillas y calamares. Depende menos del krill y de otros crustáceos que la mayoría de depredadores del Océano Austral. En sus viajes de forrajeo la especie se sumerge repetidamente unos 100 metros de profundidad y se han registrado profundidades de hasta más de 300.

Durante millones de años, esta ave marina ha dependido del Frente Polar Antártico, un frente en el Océano Austral que concentra enormes cantidades de peces en una área relativamente pequeña. Sin embargo, debido al cambio climático, esta área se está desplazando hacia el sur, alejándose de las islas donde vive actualmente la mayoría de pingüinos rey.  Los padres se ven obligados a nadar más lejos para encontrar alimento mientras su prole espera ayunando cada vez más tiempo en la orilla. Este estudio prevé que, para la mayoría de las colonias, el tiempo de estos viajes para conseguir alimento pronto superará la resistencia a la hambruna de las crías, provocando un colapso masivo del tamaño de la población o, con esperanza, un cambio de emplazamiento.

Usando información del genoma del pingüino, el equipo de investigación ha reconstruido los cambios en la población mundial de pingüino rey a lo largo de los últimos 50.000 años y ha descubierto que los anteriores cambios climáticos – que causaron cambios en las corrientes marinas, la distribución del hielo marino y la localización del Frente Polar Antártico – siempre se han relacionado con episodios críticos para el pingüino rey. Sin embargo, la esperanza no se ha perdido. El pingüino rey ya ha sobrevivido estas crisis en varias ocasiones (la última fue hace 20.000 años) y puede que sea particularmente hábil sorteándolas.

“Los valores extremadamente bajos en los índices de la diferenciación genética nos han revelado que todas las colonias están conectadas por un intercambio continuo de individuos,” dice Emiliano Trucchi, de la Universidad Ferrara y uno de los coordinadores del estudio. “En otras palabras, el pingüino rey parece que puede desplazarse mucho para encontrar sitios de reproducción más seguros cuando las cosas se vuelven sombrías.”

Sin embargo, esta vez hay una importante diferencia: por primera vez en la historia de los pingüinos, la actividad humana está provocando cambios rápidos y/o irreversibles en el sistema de la Tierra y en áreas remotas sin excepción. Además del fuerte impacto del cambio climático en las regiones polares, el Océano Austral está sometido actualmente al flagelo de la pesca industrial y puede que pronto los pingüinos tengan que pasarlo realmente mal para encontrar alimento.

“Todavía queda alguna isla más hacia el sur donde el pingüino rey pueda retirarse,” señala Céline Le Bohec (IPHC/CNRS/Universidad de Estrasburgo y CSM), encargada del programa 137 del Instituto Polar Francés Paul-Emile Victor en el cual se inició el estudio.

“Pero la competición por los lugares de reproducción y por el alimento será dura, en especial con otras especies de pingüino como el pingüino barbijo (Pygoscelis antarcticus), el pingüino papúa (Pygoscelis papua) o el pingüino de Adelia (Pygoscelis adeliae), incluso sin el factor pesca. Es difícil predecir el resultado, pero seguramente se producirán pérdidas. Si queremos salvar algo, deberían empezar ya los esfuerzos proactivos y de conservación pero, por encima de todo, una acción global coordinada para combatir el calentamiento global.

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