Una polémica fiesta rave celebrada el pasado noviembre en un zoo de Connyland, en Lipperswil, Suiza, resultó espantosa para dos delfines cautivos cuando los asistentes a la fiesta suministraron a los delfines un sustitutivo de la heroína, según ha revelado una inspección post mortem.
Los resultados del informe de toxicología han confirmado las sospechas de que a los dos delfines, Shadow y Chelmers, se les suministró buprenorfina, una droga usada como sustituto de la heroína, que los ahogó tras suprimirles su instinto natural para salir a la superficie a respirar, provocándoles una muerte lenta y dolorosa.
Sigue sin estar claro quien suministró la droga a los delfines o sí fue un acto deliberado.
El biólogo marino holandés Cornelis van Elk añadió que la droga es increíblemente peligrosa para los mamíferos marinos.
‘Los opiáceos son extremadamente peligrosos para los mamíferos marinos. Incluso cuando están durmiendo, hay una parte del cerebro que controla de forma automática el instinto de respirar de la misma forma que lo hacen los humanos cuando duermen,’ explicaba.
‘Drogarlos con opiáceos podría provocar que esta parte del cerebro se desconectara llevando a fatales consecuencias,’ añadía.
Activistas por los derechos de los animales dicen que ya advirtieron de los peligros, mostrando su preocupación de que los elevados niveles de ruido podrían dañar el sonar sensible de los mamíferos marinos y perjudicar su delicado sistema inmune.
La administración del parque de Connyland, quien organizó la fiesta rave, niega cualquier irregularidad.
Se desconoce la cifra oficial de muertes en el delfinario de Connyland. En el verano del 2000, dos crías murieron poco después de nacer.
La polémica sobre las condiciones en Connyland resurgió tras la muerte del delfín Gecko, de catorce años, provocando repetidos llamamientos para el cierre del parque.
Connyland fue acusado de violaciones contra la Ley suiza de Bienestar Animal debido a la prueba sólida de crueldad a los mamíferos marinos exhibidos.
Desde 2003, Connyland ha tenido al menos 36 delfines, 24 de los cuales han muerto o cuyo destino se desconoce.
En 2010, se levantaron cargos contra Connyland por una supuesta violación grave de la Ley de Protección Animal. El caso sigue pendiente.
Shadow y Chelmers se convierten en las víctimas séptima y octava que mueren en Connyland en los últimos tres años.
Ocean Sentry