Los barcos salían del puerto a primera hora de la mañana con un único propósito: encontrar delfines y conducirlos a una siniestra cala en el pueblo de Taiji.
Las condiciones climáticas hacían posible que pudieran localizar rápidamente a una manada formada por unos 26 individuos de dos especies distintas: delfines de hocico estrecho y delfines mulares.
Los voluntarios de la organización Dolphin Project en el terreno captaron con sus cámaras el elevado grado de estrés y desesperación de los miembros de la manada, golpeando sus colas contra el agua y saltando frenéticamente.
Entre el grupo se encontraban varias crías que se mantuvieron todo el tiempo aferradas a sus madres.
Los voluntarios fueron testigos de como los pescadores vestidos ahora con trajes de buzo agarraban a los delfines por sus rostrums, ensangrentados por las heridas provocadas por las embarcaciones que se habían abalanzado sobre ellos o por los reiterados intentos de los animales estrellándose contra las escarpadas rocas intentando escapar.
Los adiestradores de delfines de las instalaciones de cautiverio locales en Taiji se encontraban en la orilla mientras escogían a dedo a aquellos “ejemplares adecuados para su cautiverio” – delfines sin marcas, cicatrices, heridas,..
Los voluntarios pudieron escuchar como pescadores y adiestradores compartían risas en la playa y a bordo de los barcos mientras arrebataban a 10 miembros para una vida en cautividad.
El resto de familiares, reacios a abandonar a sus familiares, fueron conducidos violentamente a mar abierto.
La industria de parques marinos y delfinarios es el principal motor que lleva a los pescadores de este infame lugar de Japón a cazar delfines para su posterior venta y, hoy, 10 delfines fueron arrebatados a sus familias para divertir a esa parte de la humanidad que sigue comprando una entrada para ver cómo un delfín hace una pirueta con un balón, pasa a través de un aro o saluda a la multitud con sus aletas.
No vayas a nunca a un delfinario o parque marino. Se trata de corporaciones millonarias que se lucran con el sufrimiento de estos animales y se aprovechan de la ignorancia de aquella gente que no conoce la verdad. Estos espectáculos no tienen fines educativos ni de conservación. Se trata de un negocio multimillonario que solo beneficia a dos partes: a los cazadores de delfines en Taiji, que venden los delfines al mejor postor, y a los delfinarios que los compran.
Recuerda que si compras una entrada para ver un delfín en cautividad, lo único que verás será un alma en pena obedeciendo a sus verdugos a cambio de pescado.
Fuente: Dolphin Project
No olvides entrar en la página web de la organización para saber cómo ayudar, colaborar y donar para salvar a los delfines.
Ocean Sentry