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Algunos datos sobre la sopa de aleta de tiburón

No sería noticia si te contara que nuestro planeta tiene sus problemas ambientales. Estamos logrando algunos progresos controlando aquello que emitimos a la atmósfera, en nuestros vertederos e incluso en nuestros océanos, aunque en este caso seguimos sin prestar demasiada atención a lo que estamos extrayendo de éstos: los tiburones, a los que matamos a un ritmo de hasta 73 millones al año. Esta cifra se refiere al número de tiburones que matamos solo por sus aletas, casi su totalidad para la elaboración de la sopa de aleta de tiburón. Puede que los tiburones no te preocupen mucho, pero nuestros océanos representan cerca de la mitad del suministro de oxígeno del planeta y los tiburones desempeñan una función crucial en su salud.

Tengo que admitir que hasta hace poco no sabía mucho sobre tiburones, ni siquiera me importaban. Entonces vi el documental ‘Tiburón: En las garras del hombre (Sharkwater)’, algo que cambió mi visión para siempre. Decidí llevar a cabo algunas investigaciones por mi cuenta y mira por donde no estaban exagerando: las poblaciones globales de tiburones están colapsando por culpa de una sopa.

Si en lugar de tiburones habláramos de delfines o de crías de foca todo el mundo me apoyaría. Sin embargo, la sola mención de la letra ‘T’ ya hace recorrer un intenso escalofrío. Quizás hayas visto la película ‘Tiburón’ o escuchado la historia del tiburón devorador de hombres o quizás ambas cosas. Incluso si nunca has visto a un tiburón fuera de un acuario, probablemente todavía creas que se trata de un villano. Si es así, no eres el único, pero podría sorprenderte saber que aunque existen más de 350 especies distintas de tiburones, solo unas pocas están interesadas en los humanos. El colosal tiburón ballena ni siquiera tiene dientes.

Los tiburones llevan existiendo desde hace 400 millones de años, antes incluso que los dinosaurios. La madre naturaleza los puso en cada océano del mundo aunque con la peculiaridad de que funcionaran como controladores naturales de sus propias poblaciones: ciclos de vida relativamente cortos (entre 20 y 30 años), periodos de gestación largos, reducido número de crías y madurez sexual tardía. Todas estas limitaciones son suficientes como para que la especie se regule a sí misma, pero no contó con el factor humano: para elaborar la sopa de tiburón se matan al año unos 73 millones de tiburones.

En 2009 la población mundial de tiburones se vio esquilmada entre un 50 y un 75%. Un estudio sobre la población de los tiburones del Atlántico Norte informa de una disminución del 89%. Las estadísticas de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) revelan que de las 181 especies de tiburones para las cuales se tienen datos, más del 64% están clasificadas como amenazadas o vulnerables y más del 21% están listadas en peligro de extinción. Una especie como mínimo ya está clasificada como extinta en estado salvaje.

Cada año, millones de tiburones caen de forma accidental aunque lamentablemente muchos más pescados simplemente por sus aletas. Los tiburones son llevados a bordo de los barcos donde los pescadores cortan sus aletas y arrojan sus cuerpos mutilados de nuevo al mar. En el proceso, un gran porcentaje de estos animales sigue todavía con vida y morirán asfixiados al no poder moverse sin sus aletas.

La aleta representa menos del 5% del cuerpo del tiburón; el 95% restante es tirado por la borda porque no tiene valor en el mercado. La carne de tiburón tiene que refrigerarse de forma adecuada y ocupa un espacio valioso que puede dar cabida a más aletas que ocupan poco, pueden introducirse en fardos y secarse sobre grandes lonas. Son las aletas las que producen los mayores beneficios, pudiéndose llegar a vender por cientos de dólares el kilo.

La mayoría de los tiburones son capturados para elaborar la sopa de aleta de tiburón o lo que en algunas culturas se conoce como ‘sopa de festividad,’ siendo la aleta poco más que un aditivo o aderezo. Este manjar, una vez poco común, ahora es asequible para un gran número de restaurantes, a pesar de no tener sabor, valor nutricional y servir solo como aderezo para otras sopas, principalmente de pollo o carne.

Los tiburones, con apenas enemigos, son los máximos depredadores del océano y por tanto se hallan en lo más alto de la cadena alimentaria. Pero esta posición conlleva responsabilidades: son los encargados de ayudar a preservar el delicado equilibrio del océano mediante el control de las poblaciones de otras especies de peces y mamíferos marinos. Debido a su papel de carroñeros, ayudan a controlar la sobrepoblación de cualquier especie en el nivel inmediatamente inferior, ayudando a mantener el equilibrio de los recursos. En el último eslabón de la cadena se encuentra el plancton o fitoplancton, esa pequeña joya que, aunque en declive debido al cambio climático y la contaminación, es responsable de la producción de oxígeno.

La eliminación de los tiburones puede afectar a todo el ecosistema marino provocando una alteración en el equilibrio de los océanos, un fenómeno conocido como efecto cascada, es decir, cuando la disminución de la población de una especie provoca el aumento de otra y así sucesivamente. Una disminución en la población de tiburones deja más presas en el centro de la cadena alimentaria, provocando una disminución en la población de la siguiente presa, incluidos bivalvos tales como ostras y almejas. Desequilibrios significantes del océano pueden llegar a causar descensos en los niveles de oxígeno, provocando lo que se conoce como zonas muertas.

Resulta escalofriante pensar que permitiendo el shark finning por el simple prestigio de comer una sopa cara podamos poner en peligro la existencia de los tiburones. El hecho es que cuando las poblaciones de tiburones se agoten, no habrá dinero que pueda invertirse para reparar el daño provocado a nuestro suministro de oxígeno, ecosistemas, industrias pesqueras y, posiblemente, mucho de nuestro alimento. Por supuesto, los expertos más destacados siguen aprendiendo acerca de las complejidades de nuestro ecosistema marino y existe más de una opinión acerca del gran problema medio ambiental que supone este desequilibrio. Muchos coincidirán que la ley básica de la naturaleza consiste en que la cadena alimentaria no debe verse alterada.

Actualmente la mayoría de países tienen leyes que impiden poner en peligro las poblaciones de animales salvajes. Lamentablemente, aunque algunos tienen leyes contra la práctica del shark finning local, muchos son los que todavía permiten la importación ilimitada de aletas de tiburón, con la excepción de aquellas especies listadas bajo el Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro (CITES). Sin embargo, la identificación de especies por su aleta es extremadamente complicada, dado que la mayoría de aletas ilegales son secadas antes de poder inspeccionarse la muestra. La única forma de asegurar que una aleta no procede de una especie en peligro de extinción es mediante un examen de DNA.

Por tanto, sólo un verdadero cambio en las regulaciones pesqueras y nuevas medidas más severas que incluyan una prohibición a las aletas importadas y exportadas así como de cualquier producto derivado de tiburón en todo el mundo permitirá que sus poblaciones puedan recuperarse. Fuente

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