The End of the Line
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| Sigue el legado de crueldad financiado por el gobierno de Canadá |
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| Miércoles, 09 de Febrero de 2011 18:03 | |||
Es sabido que la carnicería, que se ha cobrado cientos de miles de vidas inocentes durante las últimas décadas, es inhumana y cruel y que cualquier grupo que pueda defender como justificable de algún modo apalear y despellejar en vida a seres indefensos y sensibles, debería considerar estudiar tener esa conversación con un psiquiatra. Pero si bien resulta difícil defender los miserables actos de una pequeña población de cazadores de foca de Terranova y Labrador en base a la lógica simple conocida como libre albedrío y responsabilidad moral, lo cierto es que el legado de engaños del Parlamento y la manifiesta misión de Shea basada en el ego de mantener viva la caza de focas a toda costa han mantenido sus ojos vendados. Tal vez debería haber habido una llamada de atención en 2008, cuando cuatro cazadores de focas murieron tras volcar su pequeña embarcación remolcada por el guardacostas canadiense, dejando familias y una afligida comunidad al borde del desastre nacional. Lamentablemente, lo que se presentó como una auténtica oportunidad para el gobierno canadiense para restablecer cualquier rastro de integridad admitiendo finalmente su mala gestión de las pesquerías del Atlántico, convirtió la tragedia en otra diluida justificación patriótica con el fin de defender una despreciable y caducada industria. Noticia de última hora: las focas no son responsables del agotamiento de los stocks. La incompetencia humana y la sobrepesca son en realidad aquí los únicos culpables y las focas son las que pagan el precio. Ha llegado la hora de que las agencias del gobierno canadiense al cargo de la gestión de pesquerías y océanos busquen soluciones viables y sostenibles para sus poblaciones necesitadas en lugar de gastar millones de dólares de los contribuyentes en el nuevo desarrollo de productos derivados de foca no deseados en el mercado global. Estados Unidos, Méjico y la Unión Europea han aprobado legislaciones que prohíben el comercio de productos derivados de foca, aun así el gobierno canadiense sigue bombeando enormes subsidios a la venta de productos que la gente simplemente ya no quiere. En su lugar, Shea espera que esta nueva afinidad con China ayude a compensar el significativo golpe económico provocado por la ética y la decisión racional de la Unión Europea de prohibir los productos derivados de foca la pasada primavera. Según Shea, el destino de la caza de focas está en manos de la industria por 'asegurarse de que realmente empezamos a vender algunos de estos productos en el mercado.' Tal vez la Sra. Shea serviría mejor a sus compatriotas estudiando una solución más innovadora tal como la evolución humana. Según un reciente artículo publicado por Cheryl Jacobson de In Defense of Animals: "Durante los últimos 15 años, Canadá ha gastado en vano incontables sumas de dinero intentando desarrollar mercados, incluido el mercado chino, para los productos comestibles de foca. La carne de foca es un gusto adquirido que poca gente fuera de las comunidades cazadoras de foca encuentra sabroso. La demanda de carne es tan baja que los cazadores a menudo abandonan los cuerpos muertos en el hielo." En 2009 regresó de nuevo a los titulares internacionales cuando, en un gesto profundamente inadecuado convertido en bochorno nacional, la gobernadora general Michael Jean decidió mostrar su apoyo a la industria arrancando el corazón de un bebé de foca y devorándolo crudo en una reunión Inuit en Nunavut. Muchos críticos hallaron sus acciones más propias de una barbarie del siglo XXI que del comportamiento aceptable de un dignatario representante de la Reina Elisabeth II de Gran Bretaña y jefe de estado de Canadá. Fue también muy erróneo. La caza marítima de focas anual no es una caza indígena aunque el gobierno canadiense siga confundiendo deliberadamente a la gente para que crea lo contrario. En realidad, la caza comercial de focas de Canadá y la caza de focas Inuit son dos operaciones sin relación que ocurren en áreas separadas del gran norte e implican dos especies de focas distintas. La caza de focas comercial no es una caza tradicional de 'subsistencia' o 'caza de plena utilización' y la mayoría de la carne se abandona en el hielo con informes que hablan de un 80% de la grasa desechada. Se pueden masacrar focas legalmente tan pronto empiezan a mudar su piel natal blanca, sobre las dos semanas de edad, y casi todas las focas muertas en la caza comercial tienen solo tres meses o menos de vida. De este modo, el principal objetivo de la caza comercial de Canadá es la piel de las crías arpas enviada al extranjero para ser procesada para su vergonzoso uso en la industria de la moda. La caza de focas comercial no tiene absolutamente nada que ver con la preservación de las culturas y tradiciones aborígenes y resulta deplorable el aboluto engaño del gobierno canadiense sobre esta realidad. También es degradante para todos los canadienses y en particular para los Inuit, a los que el gobierno sigue usando como cabeza de turco en base a su propia agenda política y económica. Según la directora de la Humane Society International de Canadá, Rebecca Aldworth, 'La legislación protege a la gente Inuit. Sugerir otra cosa es un engaño por parte del gobierno canadiense.' La nueva ley de la UE ofrece determinadas exenciones a las comunidades Inuit de Canadá, Groenlandia y en otros lugares que permite cazas limitadas tradicionales, sin embargo prohíbe el comercio a Europa de sus pieles y otros bienes derivados a gran escala.' La caza comercial de focas proporciona incentivos monetarios fuera de temporada a un puñado de grandes compañías pesqueras basadas en la avaricia y la desinformación calculada. Además, solo cerca de 6.000 personas derivan algún ingreso de la caza comercial de focas, que genera unos 10 millones en exportaciones anuales, no exactamente una mina de oro. Con el descenso anual del precio de las pieles de foca, es evidente que una inversión adicional en esta decrépita industria es un derroche, ya sea de dinero de los contribuyentes como de vidas inocentes e indefensas. Además, si bien China no despierta mucha simpatía entre los activistas por los derechos de los animales debido a una plétora de razones válidas, demasiado extensas como para ser mencionadas aquí, la presunción general del gobierno canadiense de que los consumidores chinos aprobarán la cruel masacre de bebés de foca es otro insulto sumamente etnocéntrico que algunos opositores creen los chinos no se tomarán a la ligera. En una descarada muestra de ignorancia ecológica, el Toronto Globe and Mail citó a un ejecutivo de la industria de productos derivados de las focas afirmando: 'Los chinos comen cualquier cosa y no entienden por qué deberíamos anteponer un animal a otro.' Guau, suena como si alguien necesitara un curso de repaso en antropología. Según el Director Regional de Asia de la IFAW, Grace Gabriel: Esto es una bofetada en el rostro de China, su cultura y su gente. China no es un vertedero para los productos canadienses derivados de foca y los consumidores chinos no deberían cargar con la responsabilidad ética de pagar por la cruel masacre de focas en Canadá. Está por verse si la gente china picará el anzuelo y servirá de chivo expiatorio a esta moribunda industria plagada de bochorno y engaño. Con el inicio de la caza comercial de focas prevista para el próximo mes, ¿no es nuestra responsabilidad como ciudadanos compasivos y preocupados hacer saber a Canadá que ya es suficiente?: ¡Detengamos la matanza! Para más información sobre la caza de focas de Canadá y cómo aprender a pasar a la acción para detener esta horrible masacre sinsentido, por visita las siguientes páginas: www.harpseals.org Contactar con Océanos y Pesquerías de Canadá para hacer llegar tu opinión e inquietud: |
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Justo cuando ecologistas y defensores por los derechos de los animales empezaban a ver la luz al final del vergonzoso y profundo túnel oscuro conocido como la caza de focas canadiense, nuestra Sarah Palin de Canadá, la ministra de pesquerías Gail Shea, anunció el pasado mes que las restricciones a la exportación de carne de foca a China se habían levantado. Con la reciente prohibición en vigor a los productos derivados de foca por parte de la Unión Europea, Shea y sus arpías en Ottawa ven a China como un potencial aliado en lo que sin embargo parece otro desesperado intento por salvar una industria económicamente ya extinta y carente de moral.



























