The End of the Line
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| George Muller: El acuerdo sobre la caza de ballenas entraña graves peligros |
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| Martes, 13 de Abril de 2010 05:28 | |||
El científico George Muller dice que el compromiso sobre la caza de ballenas no se basa en la conservación Los debates más recientes se han centrado en buscar una solución diplomática a la caza de ballenas, como si un agradable escenario para salvar las apariencias fuese a contentar de algún modo a todas las partes. Lamentablemente, la ciencia no se lleva bien con la política y raras veces los acuerdos trabajan en favor de la protección de las especies en peligro de extinción. La caza comercial de ballenas viola multitud de tratados de la conservación internacional, incluyendo el Tratado de la Antártida, la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos (CCAMLR) y la CITES. Al igual que necesitamos prohibir el comercio de marfil, cuernos de rinoceronte y productos derivados del tigre, también hemos de prohibir el comercio de la carne de ballena. Permitiendo la excepción, saboteamos todo el proceso y abrimos la puerta a la futura explotación de cualquier o de todas las especies en peligro de extinción. Aquellas soluciones de compromiso y concesiones que permitan la caza comercial de ballenas únicamente crearán y alimentarán la demanda de carne de ballena. Se ha demostrado que fijando un precio y proporcionando un mercado para la venta de especies en peligro de extinción se crea más demanda que lleva a sus inevitables asociaciones como son la caza furtiva y el mercado negro, tal como vemos ocurrir con el marfil y los balleneros piratas. La gente siempre está dispuesta a pagar dinero por la fauna salvaje en peligro de extinción. La historia humana está repleta de actos de egoísmo y de avaricia. La lista de extinciones provocadas por los humanos es impresionante, incluso en la historia reciente. Los balleneros aún tienen que demostrar que la caza sostenible de ballenas es posible. La CBI ha venido rechazando esta 'sostenibilidad' a pesar de los más de 20 años de ciencia fraudulenta y de sus exigencias al retorno de la caza comercial de ballenas. Y es que aunque se introdujeran estrictas regulaciones, no existe garantía alguna de que funcione. La gestión de las pesquerías es una ciencia extremadamente inexacta tal como demuestra el hecho de que más del 80% de las pesquerías en todo el mundo se encuentran ya sobreexplotadas. Resulta demasiado fácil fijar una cuota excesivamente generosa y agotar el stock, particularmente cuando esa ‘pesquería’ no tiene como objetivo peces sino mamíferos de largas vidas con crecimientos y reproducciones lentas. El término ‘caza sostenible de ballenas’ es una teoría de papel, no es un concepto probado. Las técnicas de gestión propuestas se basan en un conocimiento insuficiente de las poblaciones y de la biología básica y cualquier monitorización verdadera de la caza en zonas remotas sería complicada y costosa, teniendo inevitablemente que confiar en el zorro para la gestión del gallinero. Desgraciadamente, la ‘gestión de las pesquerías’ se convierte sin excepción en un conflicto entre el beneficio a corto plazo a expensas de la conservación a largo plazo. Las pesquerías en todo el mundo han venido caracterizadas por agotar consecutivamente los stocks y especies y la caza de ballenas no es ninguna excepción. También es cierto que cuanto más poco común se hace algo más valor tiene. Japón ilustra este concepto de forma bastante acertada en su persecución hasta la extinción del último atún rojo del Pacífico. Varios observadores ya han reconocido el patrón de repulsa de Japón a los controles en cualquier ‘pesquería’ por temor a que ello establezca un precedente. El problema son sus intereses pesqueros, así como los efectos medioambientales asociados a éstos, es que implican comúnmente aguas no territoriales y el problema del cumplimiento en el mar, donde nadie puede ver lo que uno trama, es que resulta demasiado fácil someterse o que se ignoren las regulaciones. La cínica manipulación que hacen los balleneros japoneses del vacío legal de la caza científica de ballenas demuestra claramente su desacato ante las regulaciones y su objetivo por hembras preñadas y especies en peligro de extinción demuestra que no tienen ningún interés por la conservación. Confiar en los balleneros para que emprendan la futura caza comercial de ballenas en base a regulaciones y cuotas arbitrarias comportaría un enorme riesgo. Si reabrimos la puerta a la caza comercial de ballenas entonces será extremadamente difícil volver a cerrarla. Una retorcida defensa habitual a la caza de ballenas es que forma parte de la ‘cultura’ japonesa, ignorando deliberadamente el hecho de que en Japón el consumo de carne de ballena a gran escala empezó después de la Segunda Guerra Mundial y que nunca fue una tradición enviar una flota factoría al otro lado del mundo. Un argumento intencionadamente obcecado que se repite a menudo es que los hindús veneran las vacas y sin embargo no nos dicen que no las comamos. Las vacas que se consumen en Nueva Zelanda no están en peligro de extinción y mueren de forma humana en mataderos autorizados. Tampoco son vacas de la India ni las matan cerca del territorio indio. La caza de ballenas fracasa desde todos los ángulos. Son especies migratorias que Japón no puede reclamar matar, ya sea por motivos culturales o cualquier otro. El argumento sobre la caza de ballenas no tiene que ver con que Occidente diga a los japoneses lo que deben o no comer. El punto que a menudo se pierde entre la retórica es la simple biología: matar la fauna salvaje en peligro de extinción es una receta para la sobreexplotación y la extinción. Si una parte de la gente de Japón quiere comer ballenas entonces siguen habiendo miles de toneladas de carne amontonada sin venderse en los almacenes japoneses. La ‘cultura’ no ha de servir de excusa para hacer mal las cosas de forma intencionada. La verdadera gran cultura es aquella que se permite a sí misma madurar y cambiar en lugar de aferrarse tercamente a una forma errónea de hacer las cosas. Japón tiene que comprometerse a largo plazo. Es obvio que todas sus negociaciones y acuerdos a puerta cerrada en la CBI están dirigidas a un regreso total a la caza comercial de ballenas. Lamentablemente, a pesar del resultado de estos debates, Nueva Zelanda ha demostrado su debilidad en una resolución que únicamente fortalecerá la determinación de los balleneros para mantenerse en su trayectoria. |
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