The End of the Line
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| La verdad sobre la piscicultura |
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| Miércoles, 24 de Febrero de 2010 18:36 | |||
‘El manual de la cría de salmón, una guía de la industria’ (The Handbook of Salmon -Farming, an industry how-to book) detalla seis ‘claves de estrés en el entorno de la acuicultura: ‘calidad del agua’, ‘confinamiento masivo’, ‘manipulación’, ‘trastorno’, ‘nutricion’ y ‘jerarquía’. Estas seis causas de sufrimiento son, en un lenguaje más plano: aguas tan nauseabundas que dificultan la respiración, confinamiento tan intenso que los animales se devoran los unos a los otros, manipulación tan invasora que las medidas de estrés psicológico son evidentes al día siguiente, trastorno provocado por trabajadores en las granjas y animales salvajes próximos, deficiencias nutricionales que debilitan el sistema inmune y la incapacidad para establecer una jerarquía social estable provocando con ello una fuente más de canibalismo. Una causa de sufrimiento importante para el salmón y otros animales marinos de granja es la presencia abundante del piojo de mar que crece en el agua mugrienta. Estos piojos provocan heridas abiertas que en algunas ocasiones pueden llegar a alcanzar el hueso de la cara del animal, un fenómeno conocido en la industria como ‘la corona de la muerte’. Una sóla granja de salmón genera enjambres de piojos de mar en un número 30.000 veces superior al de un entorno natural. Aquel salmón que sobreviva bajo estas condiciones (muchos en la industria del salmón consideran aceptable una tasa de mortalidad entre el 10 y el 30%) será privado de alimento durante 7 o 10 días antes de ser sacrificado como forma para purgar los restos de alimento en sus intestinos. Una ducha de agua saturada de dióxido de carbono provoca la convulsión feroz del pez en un contenedor destinado al sacrificio. El animal deja de agitarse después de 30 segundos aunque no pierde la conciencia hasta pasados entre 4 a 9 minutos. Seguidamente se cercenan sus agallas hasta que muere desangrado. El prolongado procedimiento es inhumano por sí sólo, sin embargo, dado que el dióxido de carbono provoca inmovilidad mucho antes de que se produzca la pérdida de conciencia, existe un peligro real de que el animal, aunque incapaz de moverse, siga consciente mientras se desangra. Algunos métodos empleados para sacrificar al pez de granja provocan un sufrimiento tan aterrador que si los animales terrestres de granja fueran sacrificados de forma similar, se procesaría a sus ejecutores. Por ejemplo, métodos ampliamente practicados en la industria de la trucha incluyen la asfixia del pez en aire o por refrigeración con hielo, este último, prolongando el tiempo de conciencia del pez, capaz de sentir lo que le está ocurriendo hasta casi 15 minutos después de haber sido sacado del agua. ¿Es más humana la captura del pez salvaje? Una diferencia con certeza es que han tenido mejores vidas dado que no se han visto hacinados en recintos estrechos y sucios. Sin embargo, reflexionemos sobre la forma más común para la captura de salmón, camarón o atún salvajes. Dominan tres métodos: la pesca de palangre, la pesca de arrastre y el uso de las redes de cerco. El palangre es similar a una línea telefónica desplegada bajo el agua aunque suspendida por boyas en lugar de postes. A intervalos regulares a lo largo de la línea principal cuelgan ramificaciones de líneas más pequeñas de las que pende un anzuelo. Ahora imagina no sólo una de estas líneas con múltiples anzuelos, sino docenas o cientos, desplegadas una detrás de otra por un sólo barco y, por supuesto, en las flotas comerciales más importantes no hay un único barco fijando líneas de palangre, sino docenas, cientos e incluso miles. Las líneas de palangre actuales pueden alcanzar las 75 millas de longitud, suficiente línea como para atravesar más de tres veces el Canal de la Mancha. Y las líneas de palangre no sólo matan especies objetivo sino a otras 145 especies más. Un estudio halló que la pesquería de palangre mata al año cerca de 4,5 millones de animales marinos, incluyendo unos 3,3 millones de tiburones, 1 millón de marlines, 60.000 tortugas marinas, 75.000 albatros y 20.000 delfines y ballenas. Pero ni siquiera las líneas de palangre provocan la inmensa captura accidental o decartes que lleva asociada la pesca de arrastre. El tipo más común de pesca de arrastre es la de camarón que peina un área aproximada de unos 25 a 30 metros de ancho. La red es lastrada por el lecho marino durante horas, capturando camarones (y todo lo demás) hacia el fondo de una red tubular. La pesca de arrastre es el equivalente marino a la deforestación de los bosques tropicales. Sea cual sea la presa objetivo, los buques de arrastre destruyen peces, tiburones, rayas, cangrejos, calamares, vieiras, esto es, cerca de 100 especies marinas distintas. Todas mueren. Las operaciones menos eficientes arrojan por la borda más del 98% de especies sin vida. Sin duda, existe algo bastante siniestro en este estilo de tierra quemada de captura de animales marinos. Las técnicas modernas de pesca están destrozando los ecosistemas puntales que sustentan vertebrados más complejos como el salmón y el atún, dejando a su estela unas pocas especies que logran sobrevivir a base de plantas y plancton. A medida que vamos esquilmando las especies más preciadas, que normalmente coinciden con depredadores en lo alto de la cadena alimenticia como el atún o el salmón, provocamos el florecimiento de especies de corta vida en el nivel inmediatamente inferior en la cadena trófica. La velocidad generacional de este proceso hace difícil percibir los cambios (¿sabes lo que comían tus abuelos?) y el hecho de que el volumen de la capturas no descienda confiere una falsa impresión de sostenibilidad. Las pesca de arrastre y el palangre no sólo son preocupantes ecológicamente, también son crueles. Durante horas, cientos de especies distintas son comprimidas, acuchilladas por los corales y aplastadas contra el fondo rocoso hasta que finalmente son remolcadas a bordo de los buques, provocando una dolorosa descompresión que puede hacer que sus ojos salgan de las órbitas o sus órganos internos salgan por sus bocas. En las líneas de palangre los animales se enfrentan a una muerte generalmente lenta. Algunos quedan enganchados en las líneas y mueren cuando se los retira, otros sucumben a las heridas provocadas por el anzuelo en sus bocas o por intentar escapar y otros simplemente no pueden evitar el ataque de un depredador. Los buques de cerco son la principal tecnología empleada para la captura de atún. Un muro de red se despliega alrededor de un banco de peces objetivo. Una vez se cerca el banco, los pescadores unen el fondo de la red como frunciendo con un cordón un monedero gigante. El pez objetivo y otras criaturas atrapadas en las proximidades son izadas mediante un torno y arrastradas a cubierta. Aquellos animales enredados en la red morirán destrozados durante este proceso mientras que el resto lo hará lentamente por asfixia. Otros serán arrojados sobre lechos de hielo, prolongando así su muerte. Aunque uno puede esperar de modo realista que al menos algún porcentaje de vacas y cerdos sean sacrificados de forma rápida y con cierto esmero, ninguna criatura marina logra una muerte justa. Ni una sóla. Nunca tendrás que preguntarte si el pez que está en tu plato tuvo que sufrir. Con certeza sufrió. Artículo traducido y adaptado por Ocean Sentry |
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Los pollos, pavos y ganado de granjas industriales sufren todos formas fundamentalmente similares. Y lo mismo ocurre con los peces. Aunque no solemos considerarlos del mismo modo, la ‘piscicultura’, es decir, la cría intensiva de animales marinos en confinamiento, es esencialmente una producción industrial submarina.




























Gracias!