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KATY FOSTER / NOAA FISHERIES

Se sospecha la muerte de la orca J50, otro duro revés para la población de orcas residentes del sur

Según la organización estadounidense Center for Whale Research, la población de orcas residentes del sur de la costa del Pacífico ha perdido a otro de sus miembros, pasando de los 75 a los 74 individuos.

La organización, que monitoriza el movimiento de las orcas y la población en el mar de Salish, comunicó ayer por la noche la casi muerte segura de J50 gravemente enferma, también conocida como Scarlet.

“Fue vista por última vez el viernes 7 de septiembre por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), SeaDoc y otros. Hemos estado buscando a J50 durante los últimos tres días y solo hemos visto al resto de su familia,” leía el comunicado.

La NOAA no ha confirmado la muerte y el portavoz Jim Milbury dice que las autoridades siguen guardando esperanza de que J50 sea localizada con vida.

“El grupo monitoriza el número de distintas manadas y tiene un criterio para determinar si una ballena ha muerto o no.

“Nosotros seguiremos buscándola, agotando todos nuestros recursos hasta estar seguros. Esperemos que aparezca,” decía la agencia.

El martes pasado las autoridades hicieron sonar la alarma sobre el estado de salud de J50 tras no ser vista durante varios días. Funcionarios del Departamento de Pesca y Océanos (DFO) y la NOAA habían incrementado las labores de vigilancia con la esperanza de volver a ver a la joven orca.

En un correo electrónico, el DFO decía que seguía coordinando los esfuerzos de búsqueda con la NOAA y pedía al público reportar cualquier avistamiento de J50.

Los científicos llevaban preocupados desde hace meses por J50. La hembra de 3 años presentaba un estado letárgico, no había comido nada y su aspecto era muy demacrado. Su estado de salud había empeorado tanto que manifestaba el síntoma de “cabeza de cacahuete” (del inglés peanut head), que ocurre cuando la pérdida de grasa bajo la piel es tan pronunciada que los huesos del cráneo se marcan profundamente.

Científicos y veterinarios de ambas partes de la frontera habían estado trabajando intensamente para tratar de diagnosticar con exactitud la enfermedad que padecía J50 y revertir su estado de salud.

Se le habían administrado antibióticos y las muestras recogidas del agua expulsada a través de su espiráculo revelaron que sufría una infección provocada por gusanos parasitarios.

Las autoridades también habían considerado un plan más extremo que consistía en capturar a J50 para poder curarla en caso de que llegara a separarse de su manada o apareciera encallada.

La supervivencia de J50 era de particular importancia para los científicos y conservacionistas debido a su temprana edad y sexo.

Con tan pocos ejemplares vivos, se cree que J50 hubiera jugado un papel clave en la supervivencia de la especie.

Las orcas residentes del sur (SRKW, southern resident killer whales) se enfrentan a multitud de amenazas. Entre ellas están los contaminantes químicos que estos mamíferos bioacumulan en su grasa (DDT, PCB..) al tratarse de animales en lo alto de la cadena trófica. Estudios han revelado que las orcas pueden ser muy vulnerables a los efectos de los PCB, relacionándolos con problemas reproductivos. Los elevados niveles de contaminantes conllevan tasas de natalidad muy bajas y una alteración de los sistemas inmune y endocrino, ambos críticos para la salud y supervivencia de los mamíferos. Entre otras amenazas también están el ruido del tráfico marítimo que interfiere en su comunicación y espanta a sus presas así como las operaciones piscícolas, que propagan patógenos a las poblaciones salvajes de salmón.

La población también se enfrenta a un dramático descenso de su principal fuente de alimento, el salmón chinook.

“Observar a J50 durante los últimos meses fue como ver el aspecto de la extinción cuando la supervivencia se ve amenazada por la falta de alimento y la falta de crías,” escribía el grupo.

J50 era miembro de la misma manada de orcas que J35 (también conocida como Tahlequah), la hembra que conmovió al mundo tras arrastrar con ella a su cría muerta durante varias semanas en señal de luto.

En enero de 2017 murió la orca J2, llamada Granny, a la edad estimada de 105 años, la orca más longeva conocida, solo unas semanas después de la muerte de la orca J34 de 18 años, cuyo cuerpo fue hallado muerto con un fuerte traumatismo en el cuello y cabeza.

La manada, en la que no se ha producido ningún nacimiento con éxito desde 2015, necesita apoyo de manera acuciante.

“La orca Scarlet murió de hambre. Otra catástrofe causada por el hombre. Y toda la manada de orcas residentes del sur se enfrentan al mismo destino a menos que no lleve a cabo una intervención inmediata que reunifique las orcas con el salmón chinook,” decía Ric O’Barry, fundador y director de la organización Dolphin Project.

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