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¿Podría una prohibición de la pesca en aguas internacionales acabar siendo una realidad?

La apuesta está en las reservas marinas: funcionan. Estudios han revelado repetidamente que las poblaciones de peces aumentan rápidamente cuando se establecen áreas donde la pesca está prohibida, generando beneficios tangibles para los pescadores que faenan en aguas circundantes a la reserva. En realidad, muchos expertos creen que la pesca solo será sostenible si las reservas marinas se amplían de forma importante.

Esa es la razón por la que activistas y científicos están debatiendo la idea de crear una reserva marina tan grande que abarque gran parte del océano. Concretamente, quieren que se prohíba la pesca en aguas internacionales.

También llamada altamar, las aguas internacionales incluyen todas las partes del océano más allá de las 200 millas de aguas jurisdiccionales de una nación, representando casi el 58 por ciento de la superficie del océano. En estas áreas, apenas reguladas, los barcos pesqueros usan enormes redes de arrastre, millas de palangres y otros equipos de pesca para pescar atunes migratorios, peces picudos y tiburones.

El impacto medioambiental de estas pesquerías puede ser devastador. El arrastre en aguas profundas destruye los hábitats de suelo marino, incluidos corales antiguos, a la vez que mata a muchas criaturas que finalmente acaban arrojadas por la borda por su escaso valor comercial. Además, la contribución total de estas pesquerías al suministro mundial de alimento es insignificante.

Los que apuestan por prohibir la pesca en aguas internacionales dicen que podría ser una forma efectiva de proteger las especies esquilmadas, aumentando las poblaciones de peces en aguas costeras, donde los pescadores podrían desplegar anzuelos y redes.

El Dr. Daniel Pauly, de la Universidad de la Columbia Británica, experto en pesquerías, apoya la idea de una prohibición y dice que produciría multitud de beneficios económicos y ecológicos.

“Nuestro trabajo ha demostrado que la captura global podría ser incluso mayor con una prohibición en aguas internacionales y la captura se distribuiría uniformemente,” dice Pauly. Señala que solo un puñado de naciones capturan la mayoría del pescado en aguas internacionales, en especial países como Japón, Corea del Sur, Taiwan y España.

“Estas naciones monopolizan la pesca en aguas internacionales, que deberían pertenecer a todo el mundo,” dice.

Afirma que, debido a que muchas especies en aguas internacionales en un determinado momento migran a través de aguas costeras, una prohibición no necesariamente impediría la captura de estas especies, pero daría a todos los países, incluso a aquellos sin flotas de pesca de altura, una posibilidad más justa.

La prohibición no afectaría a la seguridad alimentaria, dice Laurence Schiller, estudiante de doctorado e investigadora en la Universidad Dalhousie en Nueva Escocia, Canadá. Schiller dirigió recientemente un estudio que demuestra que la pesca en aguas internacionales produce solo el 4,2 por ciento de la captura global.

“Deja de pescar y consumir pescado procedente de aguas internacionales no afectaría a la seguridad alimentaria global,” dice.

El debate de prohibir la pesca en aguas internacionales empezó hace varios años, pero está adquiriendo más fuerza ahora que los estados miembros de las Naciones Unidas reunidos en Nueva York están negociando un tratado que protegería la biodiversidad en aguas internacionales de la actividad pesquera industrial.

Matthew Gianni, cofundador y asesor de la organización Deep Sea Conservation Coalition, ha acudido a la reunión. Dice que todas las naciones que participan en el debate “parecen estar de acuerdo” con los objetivos de la cumbre a excepción de Rusia.

Gianni y otros ven la reunión como posiblemente el primer paso para crear enormes reservas marinas, por no decir un cierre a la pesca en aguas internacionales. Pero la prohibición en esas aguas no es una propuesta sencilla. Aunque ya se cuenta con la tecnología de vigilancia para hacer cumplir las regulaciones en estas aguas, algunos expertos dudan que haya una voluntad política para implementarla.

El activista e investigador marino Carl Safina cree que una prohibición de la pesca en aguas internacionales es una gran idea, pero “no es realista en un planeta dominado por humanos y cuya población se prevé aumente en 2.000 millones de bocas más que alimentar”.

Dice que no cree que la propuesta reciba el apoyo suficiente por parte de los gobiernos para promulgar tal prohibición. Safina coincide en que las aguas internacionales necesitan más protección, un mejor sistema legislativo y que se vele por su cumplimento. “La pesca podría regularse mucho mejor,” dice.

Schiller también cree que sería un reto logísticamente desafiante.

“Si quieres convertir aguas internacionales en una reserva marina, necesitarás que cada país de las Naciones Unidas diga que sí, y si un país dice que no y que aguas internacionales son demasiado importantes para su PIB o la seguridad alimentaria, entonces podría vetar la propuesta” dice.

Un informe publicado en 2014 en la revista PLOS Biology reveló que el cierre de la pesca en aguas internacionales aumentaría drásticamente las poblaciones de peces en áreas protegidas y, mediante lo que los científicos suelen llamar efecto colateral, permitiría a los pescadores capturar más pescado en aguas costeras. Los autores de ese informe, Christopher Costello, científico de la Universidad de California en Santa Barbara, y Crow White, profesor asistente de ciencias marinas de la Universidad Estatal Politécnica de California, en San Luis Obispo, concluyeron que una prohibición de la pesca en aguas internacionales aumentaría la biomasa total de varias especies en un 150 por ciento, aumentaría en un 30 por ciento la captura en aguas costeras y duplicaría los márgenes de beneficios de loe pescadores.

En aguas internacionales ya existen varias reservas marinas. Gianni dice que los montes submarinos en aguas profundas donde se congregan los peces y donde crecen lechos de corales antiguos han sido protegidos del destructivo arrastre de fondo mediante acuerdos nacionales. Son necesarias más reservas marinas como éstas, dice, y cree que el debate actual en Nueva York “ayudará a centrar la atención en la devastación de que provocan estas pesquerías.”

Nueva Zelanda y Japón, dice, lideran el arrastre de profundidad. “Esos buques de arrastre tienen que prohibirse, independientemente de las negociaciones que estén teniendo lugar,” dice.

Aunque varios expertos han sugerido que podría ser políticamente más fácil establecer reservas marinas más pequeñas en aguas internacionales en lugar de prohibir la pesca de golpe, otros sostienen que la vigilancia y el cumplimiento serían más fáciles con una reserva más grande.

“Si lo que tienes es una mezcla de lugares abiertos y cerrados a la pesca, no hay manera de poder velar por su cumplimiento,” dice Pauly.

Coincide en que podría ser necesario empezar con reservas marinas relativamente pequeñas en medio del océano. Finalmente, sin embargo, dice que quiere que toda la pesca en aguas internacionales se cierre y, tal como lo ve Pauly, el timón ya va hacia esa dirección.

“Lo que más me fascina es que hace cinco años nadie hubiera pensado en una propuesta así, ni si siquiera se hablaba de algo así,” dice. “Ahora, está en la orden del día y las Naciones Unidas lo está considerando.”

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