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Orca suelta finalmente a su cría muerta tras arrastrarla con ella durante más de dos semanas

Finalmente, la orca llamada Tahlequah – perteneciente al grupo de orcas residentes del sur en peligro crítico de extinción que habitan la costa de Seattle, Washington – ha empezado a cazar de nuevo y a interactuar con su manada tras abandonar a su cría muerta.

La orca arrastró en señal de duelo a su cría muerta durante más de dos semanas hasta que finalmente abandonó el pequeño cuerpo sin vida tras recorrer con ella cerca de 1.000 millas (1.600 km)

Credits: KEN BALCOMB, CENTER FOR WHALE RESEARCH

El Centro de Investigación de Cetáceos en Washington dice que el sábado por la tarde observó a la orca, conocida también como J35, persiguiendo a un banco de salmones al oeste del estrecho de Haro de la Isla San Juan, entre el territorio continental estadounidense y la isla de Vancouver.

La cría de J35 murió poco después de nacer el 24 de julio. Su madre transportó con su cabeza el cuerpo durante al menos 17 días en un proceso de duelo que conmocionó al mundo. Finalmente, abandonó a su cría cuando el cuerpo de ésta empezó a descomponerse.

Las orcas tienen vidas muy largas. Se conoce el caso de una orca de Seattle conocida como Granny que murió en 2016 a la edad se cree de 106 años. Sin embargo, las orcas que quedan tienen que empezar a reproducirse antes de que sean demasiado viejas. De lo contrario, la población seguirá disminuyendo hasta que muera la última orca.

Se sabe que las orcas son animales inteligentes y sociales conocidos por formar fuertes vínculos sociales de por vida, viviendo en manadas muy organizadas donde todos sus miembros se ocupan del bienestar de los más jóvenes, enfermos o heridos.

A pesar de nuestro amor por estas emblemáticas orcas, la actividad humana las está llevando por la senda de la extinción.

Este grupo de orcas único se está muriendo literalmente de hambre porque estamos esquilmando las poblaciones de salmón chinook (o real) de las que dependen- migraciones que se ven obstaculizadas por las represas, la industria maderera y el desarrollo en su hábitat circundante. Además, su salud se está viendo comprometida por los químicos tóxicos y otros contaminantes a los que se ven sometidas a lo largo de sus vidas. En sus travesías a lo largo de la Costa Oeste desde Canadá a la bahía de San Francisco, estas orcas se ven acosadas por el tráfico marítimo, el sonar militar y otras actividades humanas.

No es de sorprender pues que Tahlequah alumbrara a una cría que no pudo sobrevivir. Esta población no ha logrado reproducirse con éxito desde 2015, un resultado directo de los factores de estrés a los que se ven sometidas debido a una miríada de causas humanas. En los últimos 20 años, han nacido 40 orcas y han muerto 72. Actualmente solo quedan 75 orcas.

Una orca hambrienta y desnutrida llamada Scarlet, apodada J50, estaría muerta de no haber sido porque científicos y tribus nativas le aseguraron un suministro de salmón chinook vivo – el alimento preferido de las orcas Residentes del Sur – y antibióticos y otras medicinas que ayudaron a su recuperación.

Sin embargo, estos cuidados individualizados no salvarán a la esta especie en peligro crítico. Estas orcas necesitan medidas urgentes a gran escala si queremos que sobrevivan a la extinción. El objetivo de la Ley de Especies en Peligro es ayudar a la recuperación de estos magníficos animales. Dispone de potentes herramientas para proteger su hábitat, limitar las amenazas e idear un plan de recuperación.

Un estudio reciente de los logros de la Ley de Especies en Peligro halló que el 78 por ciento de los mamíferos marinos y tortugas marinas protegidas por la Ley han visto aumentos considerables de su población. Pero la Ley solo funciona si las agencias federales usan enérgicamente sus herramientas. Sin embargo, hemos visto el intento de la administración Trump de desmantelar esta ley de protección ambiental en lugar de usarla para salvar a las orcas. Congresistas republicanos han lanzado más de 75 ataques legislativos que bloquearían o debilitarían las protecciones para las especies en peligro de extinción. Además, la administración Trump ha propuesto cambios normativos que eliminarían dichas protecciones.

Entre otras amenazas está el ruido de los motores de las embarcaciones que espanta los bancos de salmón, obligando a las orcas a redoblar sus esfuerzos para volver a localizarlo, consumiendo más energía en el proceso.

Ambientalistas, miembros tribales y la industria pesquera llevan décadas pidiendo la demolición de las presas en el río Snake, principal culpable del declive de las poblaciones de salmón salvaje. Las operaciones de piscicultura, muy abundantes en la zona, también liberan tóxicos y propagan enfermedades (piojo de mar) al salmón salvaje.

Ken Balcomb, del Centro de Investigación de Cetáceos, dice que para salvar a las orcas, la población de salmón salvaje – no el de piscifactoría – tiene que aumentar.

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