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NASA/Michael Studinger/Wikipedia

Los océanos cada vez más ácidos amenazan el fitoplancton, propiciando más calentamiento global

Los océanos actúan como sumideros de carbono y ya han absorbido más de 40 por ciento de las emisiones de carbono antropogénicas. Gran parte de este CO2 ha sido absorbido por el océano Austral, convirtiendo estas aguas en epicentros de la acidificación del océano (AO).

Imagina poner un diente en un vaso lleno de coca-cola. El diente acabará disolviéndose. Pues lo mismo sucede con organismos calcificadores como los corales y los crustáceos en unas aguas cada vez más ácidas.

La Dra. Katherina Petrou, autora principal del estudio publicado en la revista Nature Climate Change, dice que aunque estudios anteriores han demostrado que cambios en el ph del océano afectan a organismos calcificadores, el nuevo estudio ha revelado una amenaza derivada de la acidificación del océano que hasta ahora no se había contemplado.

Las diatomeas, un grupo de algas unicelulares que se hallan rodeadas por una pared celular hecha de sílice, son un tipo fitoplancton que necesita ácido silícico para producir sus paredes celulares de sílice. Bajo el microscopio parecen cristales, y es justamente esta “armadura” pesada la que hace que se hundan rápidamente, convirtiendo a las diatomeas en un importante conductor de carbono al océano profundo, donde queda almacenado durante millones de años.

Las diatomeas son responsables de casi el 40 por ciento de la productividad del océano, que significa que juegan un importante papel en las redes tróficas marinas, sustentando la vida para millones de criaturas, incluidos los humanos.

El equipo expuso una comunidad natural de diatomeas a niveles crecientes de acidez. Luego midió la velocidad a la cual toda la comunidad usaba sílice disuelto para construir sus paredes celulares.

Cuanto más ácida el agua, más pequeños eran los individuos unicelulares de la comunidad, reduciendo la cantidad de sílice que producían (entre un 35 y 80 por ciento menos). Y menos sílice, es decir menos densas, significa no pesar lo suficiente para poder hundirse rápidamente.

En el contexto del cambio climático global, estos resultados son importantes porque revelan que la AO puede alterar la composición de las comunidades de fitoplancton, pero también reducir su lastre (capacidad de hundirse). La pérdida de producción de sílice, y por tanto de lastre, podría significar menos diatomeas en el suelo marino y por tanto menos CO2 atmosférico secuestrado de nuestra atmósfera.

Muchas de las especies afectadas también son componentes importantes de la dieta del krill antártico, que es crítico para la red alimentaria marina de la Antártida.

El hecho de que se hundan menos diatomeas significa cambios importantes en el ciclo de sílice y el secuestro de carbono.

En una era en la que el secuestro de carbono que llevan a cabo los océanos es crucial para ayudar a sustentar nuestros sistemas atmosféricos, cualquier pérdida derivada de este proceso exacerbará la contaminación por CO2.

La investigación añade pues otro grupo de organismos a la lista de víctimas del cambio climático y destaca la necesidad urgente de reducir nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

El único curso de acción para impedir el catastrófico cambio climático es dejar de emitir CO2. Necesitamos frenar lo antes posible nuestras emisiones si queremos impedir que nuestros océanos se acidifiquen hasta un punto que ya no puedan sustentar la vida tal y como la conocemos.

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