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Las operaciones de bunkering amenazan al pingüino africano en su mayor área de anidación del mundo

El pingüino africano se encuentra en graves problemas, con descensos de la población de más del 98 por ciento en el último siglo. Y sigue descendiendo a pesar de los continuados esfuerzos de conservación. Apenas quedan unas 20.000 parejas reproductoras en todo el mundo en su mayor colonia en Sudáfrica. 

Hay varias razones para este descenso. La recolecta de sus huevos y de guano para su uso como fertilizante hace décadas destruyeron importantes hábitats de anidación. Actualmente la principal amenaza para la especie es la escasez de su presa.

Los cambios medioambientales junto con la sobrepesca de su principal fuente de alimento han provocado un desplazamiento de su presa, pasando de la costa occidental al sur de sudáfrica, una zona inadecuada para poder reproducirse de forma segura.

Ahora los vertidos de crudo derivados de un proyecto diseñado para reforzar el potencial económico de las aguas sudafricanas amenazan la última y mayor colonia que queda en el mundo. Aunque existe la necesidad de equilibrar el desarrollo económico y la conservación, el pingüino africano es una especie en peligro de extinción y, tratándose de la mayor colonia que queda, Sudáfrica es responsable de asegurar su supervivencia.

La colonia se localiza en la isla St Croix, cerca del puerto de Coega en la bahía Algoa, cerca de la ciudad de Puerto Elizabeth. Las aguas aquí están siendo escenario de la Operación Phakisa – un movimiento gubernamental para promocionar la economía “azul.”

Durante los tres primeros años se ha permitido el bunkering, que implica la transferencia de combustible de un buque a otro en el mar a través de una serie de bombas. Solo en este periodo se han producido ya dos vertidos que han matado pingüinos y otras aves marinas en el área.

La ley de Contaminación Marina de 1986 prohíbe tales operaciones frente a la costa sudafricana dados los riesgos inherentes. Pequeños vertidos pueden provocar una grave contaminación. Una vez se produce un derrame de crudo, éste es dispersado por las corrientes y el viento, dificultando su contención.

Los vertidos tienen efectos graves en las aves marinas. El crudo reduce la capa aislante de las aves, haciéndolas vulnerables a la hipotermia, provoca irritación cutánea y úlceras, además de una alteración de sus sistemas endocrinos al ingerir crudo cuando tratan de limpiarse. Los pingüinos son especialmente vulnerables al no tener capacidad para volar y por tanto no poder sortear las áreas contaminadas.

Instalaciones de rehabilitación tales como SANCCOB llevan a cabo una encomiable labor intentando mitigar los efectos de los vertidos. Pero investigaciones recientes han revelado que los pingüinos afectados por el crudo y que son devueltos a su estado silvestre una vez rehabilitados tienen un éxito reproductivo mucho menor.

Los dos derrames de crudo ocurridos en 2016 y en julio de este año cerca de St. Croix, con unos 15.000 ejemplares, han afectado al menos a 220 pingüinos africanos.

En cada caso, los nidos con huevos y los pollos son abandonados. El alcatraz de El Cabo y el cormorán de El Cabo, ambos amenazados de extinción en todo el mundo, también se vieron afectados.

Es una situación muy preocupante. No se ha llevado a cabo ninguna evaluación de impacto medioambiental para las operaciones de bunkering que han provocado los dos vertidos, a pesar de que la bahía es un lugar de biodiversidad marina único y que sus islas han sido declaradas Áreas Marinas Protegidas.

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