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Gray whale calf by Marc Webber/USFWS

El número de ballenas grises muertas este año podría llegar a niveles récord

En lo que va de año han llegado muertas a la costa oeste de Estados Unidos cerca de 70 ballenas grises. La cifra es tan alta que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica declaró el pasado viernes un Evento de Mortalidad Inusual (UME, por sus siglas en inglés) y abrió una investigación para averiguar las causas por las que están muriendo tantas ballenas grises durante su viaje migratorio hacia sus lugares de alimento en Alaska.

Esta tasa de mortalidad solo se había registrado una vez con anterioridad. En el año 2000, en el que se registró el mayor número de varamientos, se hallaron 131 ballenas grises a lo largo de las costas de Estados Unidos: 61 en California, 2 en Oregon, 23 en el estado de Washington y 45 en Alaska.

Como promedio, se producen unos 35 varamientos en toda una temporada.

Si la tendencia persiste al ritmo actual, este podría ser el año más fatal registrado para la ballena gris. La especie está a medio camino de su viaje anual hacia Alaska procedente de las aguas cálidas de México, de manera que es probable que lleguen muertas muchas más.

“En el estado de Washington vamos en camino de superar de forma dramática la mortandad del año 2000. Aquel año se produjeron 14 muertes y por la misma época ahora ya van 26”, dice John Calambokidis, biólogo investigador de la organización sin ánimo de lucro Cascadia Research en Olympia, Washington, que lleva años estudiando la población de la especie.

Parace ser que la causa de la muerte es la hambruna, aunque se sigue intentando determinar.

Muchas de las ballenas en 2019 han sido halladas demacradas, dice David Welle, biólogo de fauna silvestre del Centro Sudoeste de Ciencia Pesquera de la NOAA, en La Jolla, California.

Para comprender mejor los peligros a los que se enfrenta la población de ballena gris, de debe primero comprender su patrón migratorio anual. En octubre inicia su viaje anual de 20.000 km (13.000 millas) – la migración más larga realizada por un mamífero – hacia las aguas cálidas del estado de Baja California Sur, México, y Golfo de California.

Para diciembre, las primeras ballenas pasan frente a las costas de Estados Unidos. Las últimas ballenas en viajar hacia el norte son las madres y sus crías. 

Se dieta en el Ártico se basa en anfípodos bentónicos en los sedimentos marinos, que obtienen removiendo el suelo con el hocico y absorbiendolo junto con sus presas para luego expulsar el agua lodosa empujando la lengua contra las barbas. Durante este tiempo van acumulando una gruesa capa de grasa.

Las ballenas grises apenas se alimentan durante su viaje hacia el sur, el tiempo que pasan allí y durante su trayecto de nuevo hacia el Ártico, obteniendo la energía necesaria de la grasa que han acumulado. Es en este momento cuando son más vulnerables. Han pasado muchos meses desde que se alimentaron la última vez y las nuevas madres consumen mucha energía cuidando a sus crías, que necesitan hasta 227 litros de leche materna al día.

Debido al número de ballenas halladas demacradas, una de las teorías es que las ballenas no consiguieron alimentarse lo suficiente antes de bajar.

Una de las razones podrían ser las temperaturas anormalmente cálidas que registró el mar de Bering el año pasado, dice Sue Moore, oceanógrafa de la Universidad de Washington en Seattle.

El hielo en esta área se está fundiendo antes de tiempo, provocando una menor cantidad de un tipo de alga de la que se alimentan los anfípodos. Esto, a su vez, puede afectar a la disponibilidad de alimento para las ballenas.

La ballena gris es muy flexible en su dieta, por lo que existe la posibilidad de que busque otra alternativa a su presa favorita si ésta no está tan disponible.

Sin embargo, “existen complejos factores en los cambios que se están produciendo en su ecosistema,” dice Moore.

Aunque hay indicios de que las aguas más cálidas han provocado una escasez de alimento, los investigadores siguen investigando todas las opciones, incluidas enfermedades, algo anómalo en el entorno o algo que estemos haciendo los humanos, dice Moore.

“Todavía estamos en las primeras etapas de la investigación,” dice. “Podría llevarnos meses e incluso un año identificar la causa.”

La cifra de muertes podría llegar a 700

El número de ballenas muertas es casi con certeza mucho mayor que las 70 documentadas. No todas las ballenas llegan arrastradas hasta la costa y la mayoría, en especial en casos de desnutrición, los cuerpos simplemente se hunden. Por tanto, estas 70 ballenas podrían representar sólo un 10 por ciento del número real de ballenas muertas, dice Calambokidis.

La población de ballenas grises se ha mantenido bastante estable en los últimos años. En 2016, se contaron aproximadamente 27.000, dice Weller, aunque algunas estimaciones sugieren que el número de ejemplares no supera los 20.000.

Cuando las hembras gestantes no pueden alimentarse lo suficiente en sus áreas de alimento “se produce un lapso en el número de nacimientos ese año o al año siguiente,” dice Weller.

Esta temporada, muchos de estos mamíferos gigantes, que pueden alcanzar los 15 metros de longitud y pesar hasta 40 toneladas, están siendo víctimas de las colisiones con barcos. Los investigadores dicen que podría deberse a que muchas se están arriesgando a entrar en bahías y puertos buscando alimento de forma desesperada, lo que hace que entren en mayor contacto con el tráfico marítimo y las actividades pesqueras, dice Calambokidis.

A principios del siglo XX, la ballena gris fue cazada hasta la casi extinción, dejando una población de entre 1000 y 2000 animales. A mediados de 1930, la Sociedad de las Naciones estableció una prohibición de la caza comercial, a la que siguieron regulares similares.

“Las ballenas grises son centinelas del océano,” dice. “Si las ballenas están sanas, significa que el ecosistema ártico lo está. Cuando algo falla, tenemos comprender los motivos.

Sabemos que las condiciones del hielo marino están cambiando dramáticamente,” dice. “No tenemos respuesta a cómo afectará en el nivel más bajo de la cadena alimentaria, por no mencionar el más alto,” concluye.

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