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Four North Atlantic right whales engage in a social active group in an undated photo. Credit: Peter Duley, NEFSC/NOAA

El cambio climático está alterando los patrones migratorios de la ballena franca del Atlántico Norte

Una nueva investigación conecta los recientes cambios en el movimiento de la ballena franca del Atlántico Norte con la falta de disponibilidad de alimento y el aumento de las temperaturas en las aguas profundas del Golfo de Maine, en la costa noreste de Norteamérica. La ballena franca ha estado apareciendo en lugares inesperados en los últimos años, poniendo en mayor riesgo a esta especie en peligro de extinción. 

El estudio ha sido publicado en la revista Oceanography y ha sido llevado a cabo por científicos de más de 10 instituciones.

“Los cambios provocados por el clima en el golfo de Maine tiene graves consecuencias para el pequeño número de ballenas francas que quedan en el mundo,” dice Nick Record, científico sénior del Laboratorio Bigelow de Ciencias del Océano y autor principal del informe.

“El cambio climático está dejando anticuados muchos de nuestros esfuerzos de conservación y gestión y es difícil seguir el ritmo de la rápida evolución que está sufriendo este ecosistema.”

El cambio climático ha alterado los patrones de circulación en el Atlántico Norte, incluidas corrientes que fluyen a las profundidades del Golfo de Maine. Este estudio ha hallado que algunas de estas aguas profundas se han calentado casi 8ºF desde 2004 – el doble de la velocidad a la que se están calentando las aguas en la superficie. Estos cambios han reducido dramáticamente la disponibilidad de alimento de su principal presa – el Calanus finmarchicus, un pequeño crustáceo rico en grasa del tamaño de un grano de arroz.

“Las condiciones del océano determinan dónde van las ballenas y cuándo,” dice Dan Pendleton, investigador científico del Acuario de Nueva Inglaterra y coautor del informe. “Durante décadas, hemos sabido dónde y cuándo encontrar ballenas francas. Ahora ese paradigma se está desmontando y estamos observando cambios en los comportamientos que habían sido constantes desde antes de que la gente empezara a observarlos.”

La ballena franca del Atlántico Norte ha hecho históricamente un viaje en el otoño hacia la bahía de Fundy, un brazo de mar situado en la costa atlántica de Canadá, en el extremo norte del golfo de Maine, para alimentarse y hacer frente al invierno. En ausencia de abundancia de Calanus en esa región, la ballena franca persigue su alimento, que significa que lo buscará fuera de sus áreas establecidas que la protegen.

Esta discordancia entre medidas de conservación y el comportamiento actual de la especie las hace mucho más vulnerables a los encuentros mortales con barcos y equipos de pesca. Sin embargo, los investigadores creen que la fuerte conexión entre temperatura del agua, Calanus y ballena franca hace posible predecir en qué lugar desarrollará nuevos hábitats la ballena y adaptar las medidas.

“El calanus es la principal razón por la que la ballena franca, y muchos otros animales marinos, incluido el arenque, ha prosperado en el golfo de Maine,” dice Jeff Runge, investigador científico del Instituto de Investigación del Golfo de Maine y profesor de la Universidad de Maine.

Como parte de una investigación anterior en 2012, Record y Pendleton usaron datos sobre el Calanus y condiciones oceanográficas para desarrollar un algoritmo para identificar los hábitats de la ballena franca. Determinaron que la región al sur de Nantucket, una isla ubicada a unos 50 km al sur de Cape Cod, Massachusetts, podría ser un hábitat anteriormente desconocido de la ballena franca. Sondeos recientes han revelado que el área es sin duda un epicentro para la especie y los científicos ahora esperan desarrollar herramientas similares para ayudar a la gente a predecir y preparar movimientos futuros de la ballena.

Sin embargo, los datos fidedignos son críticos para poder predecir con precisión. Y las mediciones rutinarias para monitorizar cambios en la abundancia de Calanus en el golfo de Maine se han visto dramáticamente reducidos por una falta de financiación. Runge y demás científicos están trabajando para recuperar este potencial en la región y Record espera poder desarrollar modelos que usen fuentes alternativas de datos para predecir los lugares de la ballena franca.

 

 

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