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Credit: Jeff Rotman/naturepl.com

El calentamiento global y la sobrepesca están haciendo aumentar los niveles de metilmercurio en peces depredadores

Sumad otro problema más a la lista siempre creciente de efectos perniciosos del cambio climático global: el calentamiento de los océanos está provocando un aumento de los niveles de metilmercurio en los peces, incluido el bacalao, el atún rojo del Atlántico y el pez espada.

Investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard (SEAS) han desarrollado el primer modelo de su clase que simula cómo factores medioambientales, incluido el aumento de la temperatura y la sobrepesca, afectan a los niveles de metilmercurio en los peces. El equipo halló que aunque la regulación de las emisiones de mercurio globales han reducido con éxito los niveles de metilmercurio en los peces, el aumento de las temperaturas está haciendo que sus niveles suban de nuevo.

La investigación ha sido publicada esta semana en la revista Nature.

“Esta investigación es un avance importante para comprender cómo y porqué depredadores marinos, incluidos atunes y peces espada, están bioacumulando mercurio,” dice Elsie Sunderland, autora senior del estudio.

Una vez el mercurio, procedente de la quema de carbón o fuentes naturales como los volcanes, entra en los océanos, los microbios lo convierten en su forma más tóxica llamada metilmercurio, que puede adherirse a la materia orgánica y entrar en la cadena alimentaria a través de criaturas como el zooplancton cuando se alimentan de esa materia.

Cada animal en el siguiente eslabón de la cadena va acumulando todo el metilmercurio que contienen sus presas así como el de las presas de sus presas. Por tanto, grandes peces depredadores como atunes, bacalaos y peces espada en lo alto de la cadena alimentaria tienen los niveles más altos de esta toxina que luego se traspasa a aquellos humanos que los consumen. (Por ejemplo, en Estados Unidos el 80 por ciento de la exposición al metilmercurio procede del pescado y el 40 por ciento del atún).

Pero para comprender todos los factores que influyen en el proceso, uno primero tiene que comprender cómo viven los peces.

Lo qué comen: Los investigadores recogieron y analizaron 30 años de datos del ecosistema del golfo de Maine, incluido un exhaustivo análisis entre 1970 y 2000 de los contenidos de los estómagos de dos depredadores marinos: el bacalao atlántico y la mielga (Squalus acanthias). Ambas especies se alimentan de arenques.

Hallaron que los niveles de metilmercurio en el bacalao eran entre un 6 y un 20 por ciento más bajos en 1970 que el año 2000. Sin embargo, en el caso de la mielga los niveles eran entre un 33 y un 61 por ciento en el mismo periodo de tiempo, a pesar de vivir en el mismo ecosistema y de ocupar una posición similar en la red trófica. ¿Qué suponen estas diferencias?

En la década de 1970, el golfo de Maine experimentó un dramático colapso de la población de arenque debido a la sobrepesca. Sin su presa, ambas especies tuvieron que buscar otras fuentes de alimento.

El bacalao pasó a alimentarse de otros peces pequeños como el sábalo, la sardina y langosta, con niveles bajos de metilmercurio, pero, la mielga sustituyó el arenque por calamares y otros cefalópodos con niveles de metilmercurio más elevados.

Cuando la población de arenque se recuperó en el año 2000, el bacalao volvió a una dieta más alta en metilmercurio mientras que la mielga volvió a una dieta más baja.

Hay otro factor que afecta a lo que come un pez: el tamaño de la boca.

Tamaño de la boca. A diferencia de los animales humanos, los peces no pueden masticar lo que comen, por lo que solo pueden alimentarse de aquello que les cabe en la boca. Pero hay excepciones: el pez espada o emperador usa su pico para derribar presas grandes y comerlas sin resistencia. Los cefalópodos atrapan a sus presas con sus tentáculos y usan sus afilados picos para arrancar la carne a bocados.

“Siempre hay problemas para saber los niveles de metilmercurio en organismos como cefalópodos y peces espada porque no siguen un patròn típico de biacumulación en función de su tamaño,” dice los científicos del estudio. “Sus patrones alimentarios únicos signfica que pueden comer presas más grandes (más de lo que permiten sus bocas), que significa que han bioacumulado más metilmercurio.

Pero lo que come un pez no es lo único que afecta a sus niveles de metilmercurio. Cuando estaban desarrollando el modelo tuvieron problemas para representar los niveles de metilmercurio en los atunes – uno de los más altos de todos los animales marinos. Su posición en lo alto de la cadena trófica tiene que ver en gran parte, pero no explica el elevado nivel. Uno de los investigadores resolvió el misterio inspirándose en una fuente inesperada: el nadador Michael Phelps.

“Estaba viendo los Juegos Olímpicos por la tele y los comentaristas estaban hablando sobre cómo Michael Phelps quemaba 12.000 calorías al día durante una competición,” recuerda. “Pensé…, eso son seis veces más calorías de las que consumo yo. Si fuéramos peces, se vería expuesto a seis veces más metilmercurio que yo.”

Y es que resulta que estos peces depredadores, casi tan más veloces los guepardos, consumen más calorías que otras especies de peces.

Otro factor que entra en juego es el aumento de la temperatura del agua debido al calentamiento global. Los peces, como animales de sangre fría, no pueden regular la temperatura de sus cuerpos (ectotermos) por lo que, cuando las aguas se calientan, el calor hace aumentar su actividad metabólica y pasan a ser más activos. Como resultado, necesitan más energía y por tanto necesitan comer más.

El golfo de Maine es una de las masas de agua que más rápido se están calentando del mundo. Los investigadores hallaron que entre 2012 y 2017 los niveles de metilmercurio en el atún rojo atlántico aumentaron un 3,5% a pesar de la disminución de las emisiones de mercurio (Convenio de Minamata).

Eso explicaría el aumento de los niveles de metilmercurio: el aumento en el consumo de pequeños peces – todos con cierto nivel de metilmercurio – hace aumentar los niveles de la neurotoxina que se va almacenando en sus músculos.

Los investigadores prevén que un aumento de 1ºC en la temperatura del agua marina relativa al año 2000 llevaría a un aumento del 32 por ciento en los niveles de metilmercurio en el bacalao y un aumento del 70 por ciento en la mielga.

Dejar de consumir grandes peces depredadores, y en definitiva otros peces, no solo ayudaría a tu salud sino que sería mucho mejor para el medio ambiente.

 

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