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Pacific sleeper sharks caught on a research vessel in the Gulf of Alaska. Credits: AFSC/NOAA/Wikipedia

El arrastre de fondo está provocando el colapso de las poblaciones de peces de mar profundo

Un nuevo estudio, que ha usado datos reconstruidos sobre capturas del proyecto Sea Around Us, ha revelado que en los últimos 60 años la práctica de arrastrar redes gigantes por el suelo marino ha provocado la extracción de 25 millones de toneladas de peces que viven a 400 metros de profundidad o más llevando al colapso de muchas de estas poblaciones.

Las nuevas estimaciones sugieren que los países han capturado un 42 por ciento más pescado de lo que están reportando a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

“Nuestro estudio revela que existe una infradeclaración continua de la verdadera captura. Esto significa que la toma de decisiones por parte de los gestores pesqueros se basa en una información incorrecta sobre desembarques, con dramáticas consecuencias para los ecosistemas marinos,” dice Lissette Victorero, autora principal del informe y estudiante de doctorado en el Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido.

El estudio, “Out of sight, but within reach: A global history of bottom-trawled deep-sea fisheries from >400 m depth” publicado hoy en la revista Frontiers in Marine Science, examina el estado de 72 especies de peces de aguas profundas capturadas por los arrastreros de fondo en todo el mundo, muchas de las cuales han sido explotadas a niveles insostenibles.

Por ejemplo, las capturas estimadas de granadero berglax (Coryphaenoides rupestris) de 2001 en el Atlántico noreste fueron superiores a las 60.000 toneladas, sin embargo la población se sobrepescó tan rápido que tuvo que imponerse una moratoria en 2006 en aguas noruegas.

“Una de las razones de este colapso es el hecho de que el arrastre no es selectivo, es decir, captura todo lo que sea, que significa que los granaderos jóvenes que todavía no han alcanzado su pleno desarrollo son capturados junto con granaderos adultos, reduciendo la capacidad de la población para recuperarse,” dice Deng Palomares, coautor del estudio y jefe del proyecto Sea Around Us de la Universidad de la Columbia Británica en Canadá.

Palomares explica que la mayoría de pesquerías analizadas duraron, a lo sumo, menos de una década o dos porque, por lo general, los peces de aguas profundas tienen una baja fecundidad, crecen muy lentamente y viven en montes submarinos y crestas oceánicas que son allanados por el arrastre.

Además de esquilmar sus poblaciones, los peces de aguas profundas no se regeneran como otras especies más comercializables. Los individuos inmaduros son arrojados por la borda porque generalmente no reúnen los requisitos en materia de tamaño, mientras que las especies no objetivo capturadas como captura incidental también son arrojadas muertas por la borda.

Las nuevas estimaciones presentadas por Victorero, Palomares y sus colaboradores sugieren que durante el periodo que duró el estudio las pesquerías de mar de fondo tiraron por la borda 6 millones de toneladas de pescado y que solo contribuyeron al 0,5 por ciento de los desembarques totales. “Esto significa que globalmente su importancia económica es insignificante”, afirma el artículo.

La necesidad de mantener en activo este tipo de pesquería a pesar de su inviabilidad económica lleva a las flotas a buscar constantemente nuevas especies de peces, en particular una vez han agotado una población o se ven sometidas a nuevas regulaciones.

“De manera que lo que estamos viendo es un ciclo en el cual los arrastreros empiezan a buscar especies de peces objetivo que hasta entonces se consideraban captura accidental. Crean nuevos mercados para ellas hasta agotar de nuevo esas poblaciones con regulaciones que llegan rezagadas,” explica.

Las repercusiones del arrastre van más allá de la captura de las poblaciones de peces. Dado que las redes son arrastradas por el suelo marino, la pesquería mata esponjas, corales, estrellas de mar, pepinos de mar y anémonas que desempeñan un importante papel como fuente de alimento o hábitat para los peces. También destruyen montes marinos y otros refugios naturales para los peces, convirtiendo lo que una vez fueron hábitats prósperos en enormes áreas yermas.

“Se ha eliminado mucha más biomasa de las poblaciones de peces y especies que forman el hábitat de lo que pensábamos y esto ha alterado el ecosistema de una forma que todavía desconocemos,” concluye Palomares.

 

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