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Rod Waddington/Flickr

El apetito por la sopa de aleta de tiburón está provocando enormes descensos de las poblaciones de tiburones

Las poblaciones de varias especies de tiburones tales como los tiburones martillo y los tiburones oceánicos han disminuido un 90 por ciento en los últimos años debido principalmente al creciente consumo de la sopa de aleta de tiburón por parte de consumidores ricos, según informa un artículo publicado en la revista científica Marine Policy.

El estudio conducido por investigadores de la Universidad de Hong Kong, la iniciativa Sea Around Us de la Universidad de la Columbia Británica (UBC) y la organización sin ánimo de lucro Wild Hong Kong, ha revelado que la presión pesquera en varias especies de tiburones amenazados ha aumentado dramáticamente en los últimos años y que es vital que los consumidores dejen de pedir productos derivados de aleta de tiburón.

“Los datos del proyecto Sea Around Us revelan que las capturas ascienden a unos 1,4 millones de toneladas al año, más del doble con respecto a hace seis décadas. Esta explotación excesiva ha provocado una situación en la que casi el 60 por ciento de las especies de tiburones está amenazado – la proporción más alta de entre todos los grupos de vertebrados”, dice Yvonne Sadovy, autora principal del estudio y profesora de la Universidad de Hong Kong.

Tanto la pesca legal como la ilegal están detrás de la sobrepesca de tiburones, en particular en Indonesia, donde las capturas anuales exceden las 100.000 toneladas. Le sigue la India, España y Taiwán, con un importante papel en la captura de tiburones y posterior venta de sus aletas al mercado internacional, en particular a Hong Kong, desde donde son posteriormente reexportados a China.

“Hong Kong es la puerta de entrada para casi la mitad de todo el comercio global de aletas de tiburón secas, con unas 6.000 toneladas al año en los últimos años. Son el ingrediente principal de la sopa de aleta de tiburón, un prestigioso plato tanto en China como en el extranjero, y que suele consumirse en banquetes, celebraciones del año nuevo lunar o restaurantes de gama alta,” explica Sadovy. “La exclusividad relacionada con el producto junto con su limitado abastecimiento natural hacen aumentar su precio y la convierte en una atractiva mercadería para las redes empresariales, en particular para aquellas que usan prácticas turbias o ilegales,” añade.

Se estima que al año solo se producen 4.300 toneladas de aletas secas de forma sostenible, mientras que unas 25.000 proceden de muchas pesquerías insostenibles e ilegales. Diferenciar entre unas y las otras es muy complicado ya que la mezcla de capturas es una práctica común que obstaculiza los esfuerzos de trazabilidad.

“El shark finning y la mezcla de capturas suelen tener lugar en aguas internacionales o en puertos remotos, donde apenas hay vigilancia. Es más, las autoridades muestran escaso interés por controlar el tráfico ilegal de fauna silvestre y, en el caso de querer controlarlo, su capacidad para cumplir con las normativas se ve muy limitada al no poder inspeccionar las capturas ni realizar análisis de ADN para cada aleta que llega a sus aduanas para poder determinar el área donde fue capturado el tiburón,” dice el coautor Daniel Pauly, investigador principal de Sea Around Us del Instituto de Océano y Pesca de la UBC.

En opinión de los investigadores, esperar que los organismos multilaterales desarrollen normativas, velen por su cumplimiento y regulen el tráfico de aletas para proteger las especies y evitar el shark finning no es una opción porque llevaría mucho tiempo – un lujo que muchas especies de tiburones no tienen.

“La extinción no puede decidir por nosotros. Los consumidores tienen que pasar a la acción rápidamente y decidir qué es y qué no es aceptable. El apetito por la sopa de aleta de tiburón va en aumento en lugares como Vietnam y Macao pero está disminuyendo lentamente en Hong Kong y China continental, donde la población joven está empezando a ver este consumo como una práctica cultural que debe abandonarse”, dice Pauly.

El informe “Out of control means off the menu: The case for ceasing consumption of luxury products from highly vulnerable species when international trade cannot be adequately controlled; shark fin as a case study” ha sido publicado en la revista Marine Policy.

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