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- UNDATED PHOTO - Scientists and environmentalists on June 27, 2001 were reassessing plans to free a rare right whale, shown in a recent, undated photo, tangled in fishing line off the Cape Cod coast after earlier attempts to save the leviathan failed. The North Atlantic right whale, one of 100 to 500 of the endangered species remaining, has green fishing line deeply embedded in its upper jaw. The resulting wound is badly infected and the whale is likely to die unless the line can be removed or falls out on its own. - PBEAHULABCF

El 2 por ciento de todas las ballenas francas del Atlántico norte ha muerto en los dos últimos meses

Un sondeo aéreo sobre el golfo de San Lorenzo hizo el fatal descubrimiento: el cuerpo de una ballena franca, una de las 400 que quedan en el mundo, flotaba muerto a la deriva. Desde aquel día las cosas no hicieron más que empeorar. Al día siguiente fue visto otra cerca del mismo lugar. Y otra ballena de 18 años fue vista enredada en un aparejo de pesca cerca de Québec, con un tenso cabo que le había provocado una profunda herida alrededor de la cabeza por encima de su espiráculo.

Ha sido un verano devastador para este mamífero marino en peligro de extinción. Desde comienzos de junio han sido halladas muertas 8 ballenas francas del Atlántico Norte o, lo que es lo mismo, el 2% de la población global, provocando la alarma entre científicos, conservacionistas y autoridades, cuya toma de medidas parecía hasta entonces estar dando resultados.

“Es un paso horrible hacia la extinción,” decía Regina Asmutis-Silvia, directora ejecutiva de la Organización Whale and Dolphin Conservation USA.

Siguen pendientes los resultados de las necropsias para la mayoría de los cuerpos, pero los resultados preliminares sugieren que todas murieron como resultado de una colisión con un barco.

Particularmente preocupante es que cuatro eran hembras reproductoras, de las que quedan menos de 100. Según científicos de la Institución Oceanográfica Woods Hole, el índice de alumbramientos ha descendido un 40 por ciento desde 2010, lo que hace que la muerte de estas hembras suponga un grave revés.

“Es claramente insostenible,” decía Philip Hamilton, científico del Acuario de Nueva Inglaterra en Boston. “A este ritmo, en 20 años no quedarán hembras reproductoras y ya podremos decir que la especie está extinta.”

La especie ya ha estado antes al borde de la extinción. Dócil y de movimiento lento, la ballena franca del Atlántico Norte se convirtió en un objetivo fácil para los balleneros por ser “perfecta” para cazarla, lo que llevó la población al colapso.

Su rumbo hacia la extinción cambió en 1935, cuando la Sociedad de las Naciones – la actual Organización de las Naciones Unidas (ONU) – prohibió su caza. En el transcurso del siglo XX, su población aumentó lentamente aunque nunca llegó a recuperarse.

En 2010 la población empezó a descender de nuevo y desde entonces los científicos han trabajado a contrarreloj para averiguar las causas.

Muchos dicen que el descenso está relacionado con un cambio en su patrón migratorio como resultado posiblemente del calentamiento de las aguas.

La especie ha estado apareciendo en áreas inesperadas donde apenas hay medidas para su protección.

Este cambio las ha hecho especialmente vulnerables a colisiones mortales con barcos y a enredos en artes de pesca que pueden provocar cortes y infecciones en el tejido, llevando a muertes lentas y dolorosas por hambruna o ahogamiento.

Los científicos hallaron que el 88 por ciento de las muertes en los últimos 15 años han sido resultado de colisiones con barcos o enredos. Un estudio publicado el pasado mes en la revista Diseases of Aquatic Organisms reveló que ninguna de las muertes fueron resultado de causas naturales.

Tradicionalmente, las ballenas solían pasar el invierno frente a las costas de Florida y Georgia, luego en primavera migraban hacia el norte hasta Cabo Cod, Massachusetts, y en verano iban el golfo de Maine y la bahía de Fundy. Sin embargo, en los últimos años han estado apareciendo en el golfo de San Lorenzo, mucho más al norte.

Los científicos culpan de ello al cambio climático. Con el calentamiento de su hábitat normal de alimento, su principal presa, los copépodos, se han desplazado hacia norte buscando aguas más frías. Y las ballenas los han seguido.

“Están apareciendo en áreas en las que nunca las hemos visto antes,” decía Jonathan Wilkinson, Ministro de Pesca de Canadá. “Es más difícil abordar el problema cuando las ballenas se están moviendo.”

Para los conservacionistas, este año ha sido un amargo recordatorio. En 2017 murieron 17 individuos en aguas de Norteamérica, lo que llevó a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) a declarar un “evento de mortalidad inusual”.

Las causas de las muertes tenían origen humano – colisiones con barcos y enredos en artes de pesca.  El gobierno canadiense implementó medidas, incluido el límite de velocidad para determinados barcos, una prohibición temporal de la pesca de langosta y cangrejo en varias áreas del golfo de San Lorenzo y aumentó la vigilancia aérea.

Las restricciones se reforzaron en 2018 y todo parecía indicar que estaban dando resultados. El año pasado no se reportó ninguna muerte en aguas canadienses y llevó a las autoridades a relajarse para minimizar las repercusiones en el sector pesquero.

El gobierno canadiense volvió a reforzar de nuevo las normativas tras la primera de las muertes de este año, ampliando el área con límites de velocidad así como la categoría de los barcos sujetos a dichas restricciones. También aumentó la vigilancia aérea y los cierres de la pesca fueron más estrictos.

El gobierno dice que reducir la resistencia de los cabos de las artes de pesca y ampliar las áreas sujetas a límites de velocidad podría reducir el número de muertes. También parecen prometedoras las nuevas tecnologías tales como las artes de pesca sin cabos.

Wilkinson decía esta semana que está abierto a la idea, aunque destaca el coste y el tiempo de adaptación para los pescadores. También habla de la dificultad de hallar un equilibrio entre proteger a las ballenas y los intereses pesqueros, aunque incide en que el bienestar de la especie es “lo más importante en lo que tenemos que centrarnos”, algo que mantiene escéptica a la comunidad científica.

Tonya Wimmer, directora ejecutiva del programa de Respuesta de Mamíferos Marinos en Nueva Escocia, Canadá, explica que estuvo presente durante la necropsia realizada a Punctuation de 40 años, una madre y abuela muy querida por los conservacionistas.

La ballena, hallada muerta en el golfo de San Lorenzo en junio, fue golpeada tan brutalmente por un barco que sus órganos empezaron a salir por el grave corte de 1,8 metros.

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